Mostrando las entradas con la etiqueta san bernardo del tuyú. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta san bernardo del tuyú. Mostrar todas las entradas

Alicia Tommaseo


¡QUÉ DÚO!

Domingo en la playa,
mañana ideal,
el sol entibiando
la brisa del mar.

Sentada en la arena
me pongo a observar;
de pronto descubro
un dúo sin par.

Una niña corre, gritando al pasar:
-Vamos coquito, ¡Alcánzame ya!.
Su perrito salta, ladra… bailan,
¡juegan a jugar!.

¡Qué linda es la infancia!
y poder tener un perrito amigo
con quien compartir: travesuras, juegos;
son los momentos que nos dejan, marcados a fuego
momentos felices, que nos acompañan
al seguir creciendo.

Un perro y un niño…
¡Qué dúo perfecto!








LINDA

Como el tibio sol de otoño
igual que la brisa del mar,
cabellos, trigo maduro;
ojos, color tempestad.

Llegaste a mí tan chiquita,
en mis brazos te tomé
y una sonrisa dorada
iluminó tu carita, como diciendo:
-Abuelita… te quería conocer.

Linda… como el arco iris
como mis flores, mi hogar,
mi corazón ya te ama
mi Linda: niña del mar.


Alicia Tommaseo 
Reside en San Bernardo del Tuyú

Florencia Romero


-
Salió de un tamarisco y nos mostró la pija
Julieta se tapó la cara
con una hoja de diario
mientras yo cerraba el puño
sobre el pico de una botella
pero él parecía ido
miraba alguna estrella puntual
del cielo atlántico sanbernardino
y apoyaba sus manos sobre la nuca
parecía recordar algo maravilloso.
El exhibicionista de jeans claros
se fue trotando
con las manos en los bolsillos.

Costaba prender el fuego
todas las ramas estaban húmedas
así que nos conformamos con una fogatita simple
seguíamos pensando en el hombre del tamarisco
me ardía la cara
nos había vaciado los ojos a todas
estábamos calladas
observando cómo se retorcían las ramas
con ese chasquido metálico
parecido al pedaleo lento
de los costeros avanzando viento en contra.

Alrededor las botellas de vidrio
iban cubriéndose de arena
en el centro de la ronda
confluían el humo y los vapores
de nuestras bocas
serpenteando como hilos grises, naranjas y blancos
hasta extinguirse allá, bien alto
quién sabe cuánto tiempo estuvo entre nosotras
el hombre escuchándonos reír
quemarnos los dedos con las tucas
tiritar de frío.

Quizás escuchó cuando contaron que Juan
(en el pueblo apodado “el loco”)
además de deambular hablando solo
también pinta
va a un local de comidas rápidas
a intercambiar cuadros
por panchos
o sobrecitos de kétchup.

Lo imaginé todo el tiempo sentado
con la pija sepultada en la arena
presenciando nuestras plegarias al aburrimiento
esperando el momento indicado
para imponernos
su bragueta abierta
y su sonrisa desorbitada.

Me seguía ardiendo la cara
¿por qué no sabemos los nombres
de los tipos de los tamariscos?
¿seguirá trotando tranquilo
con las manos en los bolsillos?
¿cuánto tiempo más
íbamos a quedar
con los ojos vacíos?








Al cartel del bingo
le quedan encendidas
sólo la N y la O
esperan en la puerta
con sus trajes
a que entre alguien.
El resto del pueblo
empieza a sacudirse el polvo
para la llegada del verano.
Me cruzo a una compañera
de la secundaria
que ahora es policía
la última vez que la vi
bailaba arriba del parlante
de un boliche.
Alerta meteorológico
nos decían en la escuela
viene un tornado
me imaginaba escondida
en el cuartito que hay
debajo de las escaleras
pero el tornado nunca llegaba
hacía la cuenta
siete cuadras no alcanzan
para cuando las olas
se levanten.








A los turistas les gusta andar en manada, parece. A la misma hora comprando para almorzar, a la misma hora entrando y saliendo de la playa, comprando para cenar, a la misma hora paseando en el centro. De chica siempre me llamaba la atención, acostumbrada al pueblo vacío. En invierno caminaba por el medio de la calle y mire a donde mire no había nadie. A lo sumo un perro o el estruendo de un caño de escape de alguna moto que pasa a lo lejos. Ni el loro dirían, cosa que nunca entendí porque los árboles de la costa están llenos de loros.
Para cuando llegó la hora pico de la noche la fila se impregnó de olor a shampoo. Vi mucha gente apoyándose latas frías de cerveza sobre la piel enrojecida por el sol. Ojos vidriosos de insolación y agua salada. Compraron mucho gel de aloe vera.








-
Videollamada en la fila
la abuela le dice
“se te ve lindo, bronceadito”
un nene llora porque quiere aceitunas
la madre le dice que ya comió demasiadas
señora con remera que dice
“me importa un carajo mi reputación”
veo a otra que está dando vueltas
hace como media hora
entra un tipo, la busca apurado
“¡te dije que compraras las Cerealitas!”
discuten
se van sin comprar las Cerealitas.
Afuera los gritos de los recolectores
las palmadas fuertes sobre el camión
vestido batik con lunas y flecos
una clienta parece al borde del llanto
o de explosión de ira
tarda en responder
como si tomara aire
para no mandarme a la mierda.
Otra vez las mismas líneas
Hola, ¿qué tal? ¿algo más?
¿Cuatro pesos no tendrás?
Este año no abundan tanto los rompebolas
¿Serán de esas personas
que cuando ya no les importa
dejan de asfixiar al otro?
¿Será que no les sale expresar
ganas de vivir
de otra forma que no sea esa?
¿O es el aire de resignación generalizada?
Se apoya sobre el mostrador
una panza con un gauchito gil tatuado
pero horizontal
como si durmiera la siesta.
Pareja de viejitos
que dudan en la puerta
“¿Vamos para este lado
o para el otro?
Porque para allá hay mucho viento”
“no, no, para el lado del viento,
quiero ver.”
Menta cristal
tobillera de caracoles
un cliente me cuenta que trabajó
en la fábrica de Quilmes
“ahora estoy mejor,
pero antes abrías la heladera en casa
y no había leche, había cerveza.
Encima esa cerveza de mierda
al otro día sabés qué
todas las venas de la cabeza infladas.”
Vino la que lleva siempre
productos del mismo color
me sacó charla y me convidó garrapiñadas
pagó con débito
nació en el 82 y se llama Luciana.
Un pibe dejó en el locker una botella de Coca
rellena de algo de color raro
después caí que era codeína
porque cuando abrió la mochila
para sacar la billetera
tenía un montón de frascos de jarabe
y se rió.
Gorra con foto de amanecer en el caribe
un chico de unos catorce años
con la sonrisa medio para un costado
me dijo
“anoche salí
y volví a las 5 de la mañana”
y se fue.
Entra un perro corriendo.
Cuando le pido cambio a un tipo,
al momento de pagar
saca del bolsillo
todos los caramelos que le di ayer
y obvio, se los acepto.
Los caramelos son
los bitcoins de las cajeras.


Florencia Romero (1991)
Nació en San Bernardo del Tuyú, reside en CABA 


Gabriela Posse


-
Se apagan las lucen en mi
y la gente anda y anda…
Se me acaban las fuerzas
las ganas
el amor
y la gente anda, anda…
Se me acaba la fe
la esperanza
el futuro
se me olvida el pasado
el olvido
el valor
y la gente anda








Cuando la lluvia se lleve tu nombre
y el horizonte se tiña de gris
cuando el recuerdo de cada momento
le insista al alma que aún estás aquí
cuando la noche silente y oscura
cubra los pasos que dejaste al partir
veré por fin deshacerse tu imagen
morir los sueños que están por venir
desnuda el alma y la piel de tus besos
recién entonces volveré de ti…








-
Y entonces me di cuenta
porque tus sueños y los míos
no eran los mismos…
como podrías entenderme
si mi patio tiene una lamparita
y el tuyo cinco…








-
A ciegas
de memoria
a kilómetros de distancia te percibo
desde cada lugar me llega tu perfume
y me llena el alma de recuerdos
se
que tendré por siempre
aunque no te tenga…
es por eso, tal vez que
sos el único lugar
del que no sé volver...


Gabriela Posse (1965)
Nació en Ciudadela, reside en San Bernardo del Tuyú





Mary Pérez


-
Como copa que se quiebra y sangra vino
sangran mis manos por cada rosa arrebatada.
Sangran misterios, caricias,
perfume que sana y consuela
hablándome al oído:
-Estoy vendando tus heridas, son las mías-









Suspiros suaves
engañan a la muerte
son aves libres.









-
Se hundió hacia lo alto,
sin flores marchitas,
para nacer en un bostezo,
entre ruiseñores y en su mano.

El verbo vuelve al verbo
y el diablo al fuego.

¡Oh, cuánto amor!
¡Cuánta caricia Madre Pureza,
he regresado!


Mary Pérez (1963)
Nació en CABA, reside en San Bernardo del Tuyú 





Dalila Lewis


Un puente vacío
Una sinfonía sin nombre
Un río que observa

Tu armonía
mi tormento

Cenizas de tu recuerdo
son lluvia, son viento

Son nada, sos vos.









Soy la premura que agitas
Y la melancolía que arrastras
Agazapado recorrí tus bosques oníricos

Volcaste en mí tus desgracias
por atreverte a amar lo perdido

Pinté tus temores en un cuadro
Y no lo firmé
para que olvidarás mi nombre.









KSHAMENK*

Él ya no es él
El agua no es agua

El nada pero no avanza
El cielo ya no se transforma

Si llora, si grita
Aplauden

Su vida
Su injusticia

La llave de su liberación
La tienen todos
La tiene nadie.


*Kshamenk, orca esclava, vive en cautiverio desde 1992 en el acuario de San Clemente del Tuyú


Dalila Lewis (1997)
Nació en CABA, vive en San Bernardo del Tuyú 



Analia Gravano


FUGAZ

¡Socorro!
El mar me absorbe como estillas, me adentra en su prisión reposando sobre mi pecho,
No puedo escapar de su mirada, de su natural belleza y me vence.
Dolorosa es su manía de arrinconarnos como presa, fascinados ante su majestad…
El ocaso y la luna callan ante él,
Mareas gestadas en blancas pinceladas han atracado sosegadas en costas lejanas,
Soledad, mensajes, historias, fantasías, conjuros vuelven sin respuestas adheridos al vaivén de sus olas…
Y tras el límite de la espera me desprendo de mi misma cubierta del suave roce de su silencio…y solo enjuago mis lágrimas entumecidas…
Y aleteo presa de amor: un poema.









MAÑANA

Mañana amanecerá más tarde, los peces afluirán en costas lejanas,
El valle del silencio perseguirá otra etapa,
El sol confiara,
El  mar dormitara,
Del puerto acoplaran cientos de navíos, levantaran sus anclas sin esperar la voz de mando, sin despedidas…
Inmóvil de sueños, el otoño tempranamente se sumergirá en palabras vestidas de frio,
en estelas de marcos grises.
El despertar los mirara desvaído de horas,
La tarde caerá sin enmienda,
El latir de la hoja morirá al aterrizar bañada de lirios,
No habrá lamentos, solo heridas de un corto tiempo…









FRENTE A MI

Nace una luz,
Sorda, solitaria, lejana.
Avanzo,
Invadiendo huecos enmudecidos de voces.
Delirio ante la fina línea del hastió,
Mientras oigo el suspiro del mar soleado de cerdas y un paño emerge.
La tierra estática posa,
Lujuria de olas sin culpas,
Eclipse de una esencia.
En la alquimia del olvido,
me abandono distraída ante el fuego lunar,
Ilusión contenida…
Vigilia de un instante –silencio y vos-









ARDIENTE

En pos de un deseo,
Encandilada,
Furtiva,
Una noche de verano,
Sin falsa virtud,
En el camino del declive de la aurora,
Conjurada de nostalgia,
Bajo su ardiente majestad,
Corrí,
Por las calles,
Ese día,
A la hora exacta,
Hincando minutos,
De milésimas de segundos,
Detonando partículas de mí ser en trazos de letanías,
Y me abandone,
Sin adiós pronunciado,
Perenne al ocaso,
Solo por el gozo,
De robarle a mi alma;
Lagrimas…









A VECES

A veces un instante golpea a mi puerta,
Rememorando,
Una palabra,
Una mirada,
Una sonrisa,
Una lagrima,
Una voz,
Un volver…
Con el tiempo mi desolada memoria busca la quietud del olvido,
por el simple temor a llorar mis recuerdos,
De aquella que fui...


Analia Gravano (1975)
Nació en CABA, reside en San Bernardo del Tuyú