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Patricia Jawerbaum | poetas que pasaron por el Tuyú

 

Piel de playa

 

Bienvenida a donde lo dejaste ayer

Poema en tres partes.

 

Para Ana Claudia.

 

 

 

 

-¿Galopamos?- dice el visitante

 

-No, falta mucho, más vale tranco que dure que galope que canse- dice el baquiano. 

 

De la página web de Santa Teresíta

 

 

 


   

1.

 

               Vaya vaya

 

                      ¿Quién sacó esa foto?

 

Y la sospecha tiene voz de poema.

Hay un archivo completo

en cada espejo que dejan abierto

 

¿y si dos enfrentados?

una maña de pistas inconclusas

Una mar-aña de pistas

 

¿Ves a esos dos paseantes metalescentes

bajo el tambor loco del sol?

hay acción sobre sus mallas

 

¿Que apuestan? a la flor de sus sombrillas

por los colores de su rayado temblor.

 

Venís a tiempo a constatar como fluye esa canilla

que se bifurcará en senderos, ríos

senderíos serios, varios que cruzan barcos

bajo plafones nubosos

 

que van hacia los mares celestes

que hacen llegar flúo sobre la orilla enjabonada

o que llegan apenas moderados a los encajes de fin de ola

 

surfilados filetes de pespunte íntimo con una bendición

sobre piecesitos de esas pandillas que corren en sus curvas

lamedoras con jugadores infantiles que les ofrendan sus baldecitos y palas

y los miran irse pícaramente

a boca de ola

 

¡Bebe sol              de esa espalda suave!

¡Toma arena        del beso ralo del rastrillo!

 

Y forma         con los moldes           en la frontera estrella.

 

A la playa la caminan        al paso de nubes

Caballos la cabalgan           hasta que salga el sol

 

Un negativo de foto            revela lo que no dice

la luz                                la sombra lo expresa

 

Se besan    luz y sombra en miradas espesas con sus vice

y sus versas.

 

2.

 

 

Pasan las hojas de la tarde el libro

de en un flip book inventado

por el pestañeo azul del

mar veloz     marvelous

 

Marrón, azul, verde o dorada

al barro hereje de su errar rubio

va en reversa la ola vuelta carnero

de caracoles, piedras y conchillas

 

la duna se saca el sombrero al viento

y hace “chapeau” al árbol

de la que colgaba su capa

en su copa con ramas de perchero

 

Los pájaros así inician el viaje

 

¡Recomienza siempre! querido mar

tu juego a navaja limpia escracha el recoveco

de naturalezas en fluido,

blanco, marrónido, un bolero que baila

tu tubo violáceo de agua es nave

mojados van en ella los cuerpos peces

que bucean tu adentro.

 

 

 

3.

 

¡Entra alegría trigal a las costas arenadas!

Entra tribal y tan en armonía

con el beso mórbido mordido

por la playa casi blanca

con tus hermanas harinas

 

que narinas de oro y otro costal huelen ya

en el pan de la mañana.

 

Roza la hebilla que tartamudea en tu pelo

roba hablillas del picnic del cielo al atardecer

y arroba, tras el empujón en remojón tu toallón

con piel gallina absorbe en cada gota,

lo que tu piel ataja veraniega.

 

Cuando no haya demasiados veranistas,

te enseñaré la soledad de algunas almas porosas

 

¿Con cuál de las hablas te quedabas?

¿en cuál hebra a punto arena nace el tapiz?

 

¡Ayudá al viento a trazar las serpientes!

el dibujo completo es ahora un psicodélico informe

secreto del movimiento lento de la noche

sus pasos imposibles por las lindes del sueño

y un caracol en la orilla

 

de ahí -intuye el corazón- huyó el bicho

baboso hacia sal de su muerte

piensa aún en vibraciones tu epitelio ex ciliado

por la boca soplo, en tu oreja platelminto

desde donde se añade la idea de antaña blandura

la copia es ávida en esa piel y perdura

tras años de acariciar esa dura cáscara

el antepasado huésped de esas curvas

que cariñás con celo, es espiral

hacia la antigua casa de su templo

por el mar el tiempo es escalera.




Marina Cavalletti | poetas que pasaron por el Tuyú

 Se escapó toda mi sangre

se hizo mar  

 

                  Sebastián Medina

 

Con el mar

 

Demoré años

en asumir

 la salinidad

que me respira

temí frente al espejo de mi nombre

 

Demoré años

Comprendí

Mi fascinación por las gaviotas

cuando rozan la espuma

y atardece la arena

 

Demoré años

abracé

la alegría del océano

su mía inmensidad, la nuestra, una

 

y ya no me asustó

la fiesta del oleaje

que traspasa   vida piel tiempo destino

 

hubo un verano

 en que mi sangre se hizo mar

y fue la evidencia más hermosa

de que soy

 

en ese elemento

en ese mundo

 y en este

 

soy

en esta hendidura

existo

con gaviotas

con otros

y con el mar

con el mar.

 



 

 


 

 

Griselda Ricciardelli | poetas que pasaron por el Tuyú


TUYÚ

inmensidad
médanos
falda dorada
recibe el sol
del mediodía
en invierno
viento que baila
arte de pastos dibujantes
tupe, ínfimas arañas locales
confundibles con semillas de lino
me recorren

a lo lejos
amor eterno

          al mar


gaviotas, pescadores
y el muelle de San Clemente del Tuyú.







INFINITO
Mar
llega a su orilla
recibe mis pies descalzos
dedos entreabiertos
se hunden
gozan
dejan entrar…
superan la palabra
posición raíz
suspiro

ola de mar
hola mar
oh, la mar

murmullo continuo
de olas rompientes,
deseos nacen en suaves
caricias del viento
el Sol entra en mi piel
hermoso día
auguriosa noche.


abre al presente
latidos de placer
y retoños.







HUELLAS

Santa Teresita  Mar del Tuyú
Mar del Tuyú Santa Teresita 

En la inmensidad de la noche
hundíamos los pies en la arena
movimientos desconocidos

Santa Teresita  Mar del Tuyú
Mar del Tuyú Santa Teresita 

decías cosas al viento
mientras el mar sonaba 
y dibujaba tu brillo sobre lienzo
negro estrellado
éramos la playa infinita

Santa Teresita  Mar del Tuyú
Mar del Tuyú Santa Teresita 









Tamara Domenech | poetas que pasaron por el Tuyú

BENTEVEO

En la playa mi hijo se entretiene con camiones de plástico llenándolos y
vaciándolos de arena y agua.
Yo juego con él mirándolo y alcanzándole los baldes que precisa para su
experimento.
Mi hija juega llamándome.
Mamá vení conmigo.
Acompañame.
No quiero estar sola.
Divertite.
Divertime.
Divirtámonos.
Quizá para ella observar sea una pérdida de tiempo o una manera triste de
aprovecharlo.
Yo desde que me recuerdo me gusta sentarme y mirar el movimiento de las
cosas.
Como si captara el crecimiento de las uñas, las flores, las emociones que crecen
en silencio.
Mi hija dice que conoce el paraíso y me pregunta si quiero que me lo muestre.
Yo acepto para satisfacer su deseo y me doy cuenta que algo del propio se genera.
Antes de la exploración que supone llegar a paraíso, nos sentamos en la cima de un médano desde el cual nos acercamos a un benteveo que canta sin interrupción.
Su garganta se estira y contrae y escuchamos cómo otros le contestan.
¿Le contestan?
¿Qué se dirán?
¿Habrá preguntas en sus piares?
Mi hija imita al pájaro.
El benteveo se comunica con ella.
Yo grito por dentro un dolor que se libera si me dejo llevar por otros que quieren mi
cabeza para acariciarla.








LIEBRE

Las luces de un auto bastan para iluminar por donde vamos.
La tarde cae de golpe violeta, rosa, negra.
Estoy sentada en el lugar del acompañante con una lona en las manos, una
canasta con residuos de la merienda y paletas con sal.
Mis hijos gritan de cansancio en el asiento de atrás.
A mí no se me ocurren palabras milagrosas que los calmen hasta preparar la
cena.
Y dejo que el bullicio sea la verdad de un imposible.
A veces para calmarme les canto y ellos me dicen que no les gustan las canciones
de cuna.
Que una cosa soy yo y otra cosa son ellos.
Y como admiro su capacidad de diferenciación, intento concentrarme en la necesidad del capricho y la pelea, y comprender que la expresión de un disgusto cesa cuando se desagota.
Los focos del auto iluminan mi incapacidad de actuar con una sombrilla
atravesada a la cintura.
Los objetos nos paralizan.
Hasta que, para llegar a la casa, atravesamos una calle de pasto por la que cruza
una liebre y a mis hijos les digo, ¡miren, ahí pasa una libre!
Las palabras surgen por sorpresa.
El silencio está fuera de cuatro personas descalzas con remeras húmedas colgadas del cuello.








FLORES CARNOSAS

Enredaderas del piso.
Trabajo rosa. Violeta. Amarillo.
Invádanme.
Cúrenme.
Hagamos una transfusión de su sangre a mi mente.
Mi corazón las admira.
Qué suerte tengo de conocerlas.
Que con tan poco crece belleza en los alrededores de una casa.
Desde el fondo de la arena donde casi no llega el agua del mar.
Contágienme el sol que brilla en sus pétalos de padres desiertos, amigos del
viento y el humo de los asados.
Quiéranme cerca. Las protegeré con mis ojos que lloran para regarlas.
Y paren y me pare y bailemos agarradas de los tallos carnosos que las atan a la
tierra e invente el paso de danza para enredarme con ustedes y ser parte del
paisaje que presenta este momento.


Estos poemas escritos en la playa de Nueva Atlantis forman parte del libro
Poemas & Dibujos, que se puede descargar de tiempodorado.com






Cecilia Carballo | poetas que pasaron por el Tuyú

Un cazón salió del agua
y fue colgado como una exhibición
lo observé un largo rato
con sus ojos abiertos
no pedía piedad
lo consolé
hasta que la playa fue un desierto
y el sol se hizo gris
no todos los días
un monstruo del mar
estaba frente a mí
cuando quise volver a casa
abrí mis branquias
me arrastré por la arena
y me fundí con el océano.









Una neblina
pasa por la filmación
es un juego
de la cámara
o el tiempo diluido
en una cinta.

La super 8
captura
a mis hermanos
pequeños serferes
con barrenadores de telgopor
creen que baten olas
que apenas llegan
a sus rodillas.

roban las ojotas
de la tía
y la arena
es fuego
en sus pies.

son vacaciones
y Martín se cree
un karateka
por sus piernas largas
de tanto moverse
cae al piso.

De repente
ellos se ven
de atrás
corren abrazados
por el estero del Tuyú
yo con pelo corto
quieta
con la mirada fija
en la espuma
perdida en el mar.