Y se fue la tercera...

 A fines de noviembre, tuvimos el honor de presentar por tercera vez "Yacer en el Tuyú", esta vez fue en la localidad de San Clemente del Tuyú, en la vereda cultural de "Mi tierra", gracias a la invitación de Marcelo Pradells.

Una tarde preciosa, acá compartimos algunas fotos.

Lxs autorxs que participaron con sus lecturas son: Luciana Maxit, Enrique Momigliano, Mónica Riedl y Alejandro Omer Rosales.


¡Muchísimas gracias a todxs!














Presentación


En el marco de las actividades de la Bibliomóvil y la CONABIP 

presentamos el libro de forma presencial

al aire libre y cumpliendo con el protocolo COVID19


¡Gracias Luciana Maxit por invitarnos a armar este evento tan soñado!

Lectura de poetas + brindis + libros

en el Parador de Santa Teresita (35 y costanera)

el domingo 4/4


¡Lxs esperamos!


 

Declarado de Interés Legislativo

El 22 de diciembre de 2020 el proyecto "Yacer en el Tuyú" fue declarado por unanimidad de Interés Legislativo por el Honorable Consejo Deliberante del Partido de La Costa.

Nos acaban de pasar el documento escaneado y lo compartimos.

Muchísimas gracias Marcela Passo, Marcelo Pavka, Antonela Espinola y a cada unx de lxs integrantes del consejo, es una alegría enorme.

Gracias Gladys Vazquez por el incentivo y la compañia.

Gracias a todxs lxs autorxs y todxs lxs que hacen que este proyecto no pare. Gracias eternas a María Rosa Maldonado, Ángel Berlanga, Carlos Aldazábal y el Suri Porfiado por ser casa.

Gracias a la Biblioteca Popular Juan XXIII, Biblioteca Alfonsina Storni y Biblioteca Asociación de Fomento San Bernardo, sin sus colaboraciones nada de esto hubiese sido posible.

Gracias al Fondo Nacional de las Artes, por el comienzo y el aval de todo esto.







En la Carabela


Durante todo el verano 2021, como parte de la programación de “Arte en la Carabela” (Santa Teresita), los lunes y miércoles de 19 a 22.30hs, van a estar leyendo poemas de todxs lxs autorxs de “Yacer en el Tuyú” y se escucharán por los parlantes del playón

quienes anden por la zona no dejéis de pasar
❤️⚓️

+ lectores tuyusénses






















¡Muchísimas gracias a todxs lxs que nos envían las fotos!

Otra vez el mar | Radar - Página 12

Link a la hermosa nota sobre "Yacer en el Tuyú"
que escribió Ángel Berlanga para el suplemento Radar 




Néstor Perlongher


TUYÚ

La historia, es un lenguaje?
Tiene que ver este lenguaje con el lenguaje de la historia
o con la historia del lenguaje /
en donde balbuceó /
tiene que ver con este verso?
lenguas vivas lamiendo lenguas muertas
lenguas menguadas como medias
lenguas, luengas, fungosas: este lenguaje de la historia / cuál historia?
si no se tiene por historia la larga historia de la lengua

Cuentan
en un fogón:

Ña-Rudecinda
no roció el apero el ánima?
no se hizo jabón el chajá?

(Gauchos fundidos, con sus lenguas de vaca, con sus trancas con sus
coyundas y sus rastras
Gaucho fundido: él clava sus espuelas en el dorso — fundido — de la
lengua, como atrapado en una vizcachera)

A unos kilómetros de San Clemente, en el Tuyú
está la tumba de Santos Vega, adonde acuden las toninas
y los surfistas en sus jabas, sobre las olas de cristal
Roto cristal, tercas toninas de la historia: van
donde los arponeros con sus garfios: van
donde los zafarranchos cachan: donde fundido el gaucho
saca el facón y se disgracia:
era la historia, esa disgracia!
disgracia de yacer en el Tuyú, de un yacer genera
Los caníbales en ese cristal las rudas olas asaetan;
y tú, en esa pereza de la yertez, no jalas?
Jalas de crestas cristalinas y empenachadas?

Néstor Perlongher
Avellaneda (Buenos Aires) 1949-1992 San Pablo (Brasil)
Transcurrió un tiempo en los pagos del Tuyú



Ana Claudia Díaz | Sobre "Yacer en el Tuyú"


¿Cuántxs poetas habrá en el Partido de La Costa? ¿Y en Lavalle? ¿Cuál llegó primerx?  ¿habrán nacido ahí? ¿Escribirán en rima? ¿En prosa? ¿Verso libre? ¿Aparecerá el mar en todos los poemas? ¿El sol? ¿El viento? ¿Los álamos? ¿Serán de amor? ¿Serán políticos? ¿Declamativos? ¿Tendrán algún manifiesto? ¿Asistirán a algún taller? ¿Tendrán un lenguaje propio? ¿Se juntarán en bares? ¿En pulperías? ¿Tendrán un imaginario común? ¿Alguna característica en particular? ¿Aparecerán los gauchos en los poemas? ¿Y Santos Vega? ¿Tendrán obras publicadas? ¿Serán los muelles del desamor los protagonistas? ¿O lxs pionerxs? ¿Aparecerán totoras y tamariscos en sus textos?

Pasaron algunos años ya desde que me crucé con Tuyú, de Néstor Perlongher, un poema sembrado de preguntas en relación a la historia y el lenguaje de mis pagos; un texto que pone en jaque el escenario de la lengua, lo interpela mientras que, paralelamente, nos cuestiona. Entonces tomé sus versos como impulso para investigar y ahondar, precisamente, en la historia de la poesía del Tuyú.

Pero vayamos de a poco: en 2018 presenté a la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes este proyecto y tuve la inmensa alegría de que quedara seleccionado. A fines de ese año comencé la ardua tarea de buscar a lxs poetas; podría hacer otro libro solo con las anécdotas que fui acumulando en el camino, tan diversas como cautivantes.

Yacer en el Tuyú es un proyecto que reúne a poetas oriundxs y/o residentxs del Partido de La Costa y Partido de General Lavalle. Una cartografía: desde lxs pionerxs hasta lxs contemporánexs. Una investigación que indaga en la lengua oral, escrita, recitada, publicada, payada, cantada, esbozada. Pequeña guía de autorxs “tuyusenses”, que hilvana el diálogo de los textos entre sí. Ese es el desafío principal de este proyecto: exponer las estéticas que proliferan en la zona y sus poéticas. Desde lxs que vivieron en la región durante algún tiempo (como el mismo Perlongher) hasta lxs que la habitan cotidianamente; y aquellxs que aún no han publicado sus obras bajo sellos editoriales, sino que guardan sus manuscritos o los editan de manera artesanal o independiente.

Es importante aclarar, que hasta el momento son más de cien lxs poetas halladxs y ochenta y seis lxs que están reunidxs en el libro donde también se cruzan algunos vínculos como madres e hijxs, abuelxs y nietxs, primxs, amigxs.

Hallar a lxs poetas me llevó un largo tiempo, no fue tan fácil como imaginé en un principio.  Indagar, preguntar, rastrear los talleres literarios, reunir el material de las bibliotecas y espacios culturales, entrevistarme con unxs y con otrxs. Finalmente los nombres empezaban a resonar de boca en boca, pero a veces era solo eso, un nombre suspendido en el aire, sin teléfono, sin dirección, sin redes; o más complicado aún, un seudónimo… 

Es por eso que este proyecto es un relevamiento incompleto de lxs poetas de la zona, primero porque toda antología siempre es incompleta; segundo porque no pude desentrañar del todo ese halo de misterio en el que me vi sumergida. Creo que es natural que algunas voces queden circulando, meciéndose en el viento que las lleva y las trae mientras se convierten en leyendas.

El proyecto tiene varios objetivos, por un lado lo recién mencionado, y por otro, reflexionar sobre el mítico y emblemático vínculo entre paisaje y poesía; corroborar si la presencia del mar o de la ría intercepta los textos; si es que no hay escapatoria a hacer alusión directa o indirecta al agua, la playa, el océano y su imaginario de puertos, viajes, sirenas, navíos y monstruos marinos. ¿Cuánto de todo esto es habitual o recurrente en la poesía de lxs autorxs?

Después de este recorrido lo que puedo afirmar es que la estructura y las estéticas de los poemas tuyusenses funcionan como el mecanismo de las olas, varían, dependiendo del viento, tienen diversos matices, todos dentro del mismo mar, como las posibilidades de la escritura. Hay, una tendencia a incluir o incluirse dentro del paisaje, a usarlo como metáfora y en la mayoría de los casos como literalidad. El paisaje como compañero cotidiano y como parte de unx mismx; como lugar de pertenencia, también en aquellas excepciones donde la poesía se manifiesta como un grito, un hacerse presente desde otro ángulo. Raíz de la lengua que se ondula y adula la tierra feraz, incandescente. O como dije alguna vez en mis propios versos: la lengua hace un santo y seña / y mientras añuda / turba la vista rudimentaria /sobre las cosas adquiridas/ eterno vientre de la palabra que la traba/ que la encuentra en la tierra, fértil/ y debajo de ella abre un plan, un argumento.

Y como dice Carlos Astrada en su libro Tierra y figura: desde el punto de vista geopsíquico, partimos del supuesto incuestionable de que existe una “humanización” del paisaje, esto es, humanización de la tierra en la que se ha nacido y se habita y a la que se acota y anima como “paisaje”. A nosotros, para nuestro objeto, nos interesa sobre todo su acusado influjo reactivo en las personas oriundas de él, en el sentido de que el paisaje imprime su sello en un perfil humano, en un estilo anímico, en un comportamiento personal. (…) Y existe, además, el tipo enteramente telúrico del rastreador, en cuya retina ultrasensible y discriminadora se graban, se reflejan especularmente las huellas que en la tierra, en el polvo o barro de los caminos y senderos, dejan hombres o animales, vayan éstos sueltos o en tropilla, con carga o sin ella. El rastreador es, pues, íntegramente producto de su paisaje y de su trasiego cotidiano o inusitado de vida, que existiendo a flor de tierra, sea ya la del predio o lugar que habita o de otros lugares, ha transferido a su retina la plasticidad o dureza del suelo para acusar las huellas de pasos humanos o de animales, e incluso saber la dirección que llevan, y si la mantienen o la tuercen.

Entonces, así como el caracol conserva en su interior -dicen- el rumor del mar del que proviene, nosotrxs en alguna parte, indefectiblemente, rozamos nuestra lengua contra el horizonte, la palabra contra la paleta de sensaciones y texturas que nos da el paisaje, y es desde ese vértice desde donde se incentiva, muchas veces, la propia poética. Lenguaje que lleva impreso como un tatuaje todos los cielos bajo los que estuvo, toda la tierra que removió, vuelto canto, luego verso, luego prosa.

Desde mi punto de vista cada geografía evoca a los seres que la habitan o habitaron y viceversa; la palabra es interceptada por el paisaje mientras lo interviene, como un búmeran va hacia la imagen que nos envuelve y, cíclicamente, vuelve al texto. Palabra que sobre su raíz se vuelve nacarada, iridiscente e imantada rueda en múltiples combinaciones.

Realizar este proyecto fue de un placer enorme para mí, conocí muchísima gente, fui de localidad en localidad buscando autorxs, con algunxs solo tuve un intercambio virtual, con otrxs un café o una cerveza, a otrxs aun hoy -casi dos años después- no logré localizarlxs.

Para finalizar, les dejo unos versos del poeta Raúl Alberto Pascual que reflejan lo que para mí es el Tuyú: Hace cuatro siglos trashumantes guaraníes le ofrendaron el nombre Tuyú. Luego, en otro despliegue de imaginación telúrica decidieron coronarlo como Ajó.
En sí, fuera de toda consideración etimológica ambas denominaciones transparentan la armadura de su epidermis: barros blandos…
Y sobre los antiguos médanos, sobre los bancos de conchilla, sobre el tendido de arroyos y montes, sobrevuela subyugante una tapada fascinación.
Circuitos de silvestre expresionismo; correspondencia primorosa. La Isla del Vasco, el Cabo Blanco, las Cañitas, la Tapera de López, Cuadro Cero, el Rincón de Aspiró, la Boca…
Sinfonía rural: arpegios en el aura… En el puestero que peregrina, en las redes que desfloran, en los zorzales, en las monjitas, en las becasas, en las corvinas, en los carpinchos, en las nutrias, en los peludos, en el sol que nace cada mañana y en el sol que se pone cada atardecer, en los andarines que mamamos su calostro y su manera de bramar…
Vientre magnánimo. Metáfora. Y vagabundo el cervatillo. Y encabritado el corcel. Augur y copla. Cascos, arcón, bitácora.
Tuyú, Ajó… /He aquí, los pájaros y el mar/

Espero que disfruten de Yacer en el Tuyú, de sus recovecos, sus particularidades, sus puntos mágicos, sus sensaciones, sus desasosiegos.

La palabra, acá, destina versatilidad, abre un camino nuevo y deja una huella que aún entre las cortaderas se deja entrever. Celebro la poesía tuyusense, grandiosa y libre.


Ana Claudia Díaz



Libro | Yacer en el Tuyú | El Suri Porfiado







En junio de 2020, en plena pandemia, salió de imprenta
"Yacer en el Tuyú"
bajo el sello El Surí Porfiado

Podés conseguirlo en Mercado Libre 

Ángel Berlanga | Sobre "Yacer en el Tuyú"


Santos Vega, los guaraníes y la novia de Aquamán

  ¿Acaso no somos el paisaje en el que crecimos?  Anoto esa pregunta que juega con la  aseveración y enseguida, en la hora de la cuarentena pandémica en la que escribo esto, se configuran y reconfiguran vientos y corrientes, las aguas leonadas y sedimentosas del norte y las más cristalinas y oceánicas del sur, gaviotas de ayer y palomas de hoy, los techos a los que trepamos y los que nos refugiaron, playas desiertas y sobrepobladas,  cachorros que hoy serían viejísimos a los que seguimos viendo juguetear, rastros imprecisos de voces en no sé cuántos bares y calles de tierra y de asfalto, maestras, tonterías y fanfarronadas, las más inolvidables maniobras de generosidad, los amores, los muertos, los trabajos, las crecidas, médanos y baldíos, antenas gigantes y libros que sacamos de la biblioteca de la escuela para leer en las tardes y en las noches tirados, panza arriba, en un sofá.
   Para discutirla, para abrazarla, para entreverar eso y tanto más, ronda la pregunta/aseveración inicial. Llegó hasta mí tras leer las páginas de este libro; la he leído con sus matices en otras páginas, pero el textual es de Joan Didion. Ella contó que cuando tenía cinco años su madre le regaló un cuaderno para que dejara de quejarse de todo y aprendiera a divertirse anotando sus pensamientos. Creció escuchando relatos sobre sus antepasados, unos pioneros que formaron parte de una caravana que, en viaje hacia el oeste de los Estados Unidos, se extravió al intentar un atajo que resultaría fatal: la mayor parte de ellos murió debido a las bajas temperaturas. La familia de Didion no siguió ese atajo y llegó a destino. En aquel cuaderno la niña que fue Joan esbozó lo que sería su primer cuento; una mujer convencida de que en la noche morirá de frío despierta en el Sahara: antes del mediodía morirá de calor. Así pasa, en un abrir y cerrar de ojos las perspectivas de dislocan, se transfiguran, y es el paisaje quien podría decir, preguntarse, ¿acaso no soy las personas que aquí crecen?
  Y entonces estos poemas convocan en sus versos a la novia de Aquamán, antiparras, diseños textiles anticloro, fosfóreas brillantinas, y al mítico Santos Vega, fogones y lazos revoleados, su tumba y las payadas con el diablo. Alguien lucha con fantasmas y con la luz mala por un camino viejo y alguien traza un plan de fuga para una orca cautiva. Un motoquero anda por una ruta amplia, abierto a la inmensidad, y poco después se llega a una oda a la conciencia, y trascartón a un manifiesto contra héroes de zunga. Hay quien alerta ante la llegada de los porteños y quien añora el verano apenas llegado el otoño. Declaraciones de amor: a los campos de Lavalle y a las playas de Mar de Ajó, a la naturaleza salvaje de la libertad, a lo que habilita un balcón sobre la calle San Juan de San Bernardo. En una página se juntan caracoles en la orilla, en la siguiente un obrero golpea el concreto con una maza, varias más allá los tamariscos resisten la sudestada: paisajes que somos.
  Poetas de por acá que hayan escrito sobre estos paisajes: el proyecto de Ana Claudia Díaz me pareció de arranque una preciosura. Sus recorridas en el relevamiento, en la búsqueda de poetas y materiales, en el empeño por la diversidad (de localías, edades, estilos, géneros), conllevan una voluntad épica que hacen pensar en un documental, una película, una serie. Es la poesía. Recorrió bibliotecas y asociaciones de fomento, se ganó la confianza de bibliotecarias, contactó grupos, abrió líneas en múltiples direcciones, activó el viejo boca a boca. Ochenta y seis autores de diez localidades, entre Lavalle y Mar de Ajó, nacidos entre las décadas del ’30 y del ’90: una cartografía poética inédita para lo que se llama Los pagos del Tuyú, ese espacio conformado por la franja que es hoy el Partido de la Costa y el territorio de General Lavalle. Los viejos saladeros y el turismo; ocasos en las rías y amaneceres ante el mar; el campo y las calles comerciales, galopados a sus tiempos por caballos, corceles, unicornios; la Galera de Dávila, el Cabo San Antonio, el viejo pescador; Santos Vega y la novia de Aquamán.
  La historia, ¿es un lenguaje?, se pregunta Néstor Perlongher en Tuyú, el poema que abre este libro.  Varias páginas más adelante, en otro poema que lleva el mismo título Mónica Riedl traza versos de huellas ancestrales de la palabra Tuyú: tierra pantanosa o barro para los guaraníes, pisar fofo para los araucanos, allá lejos para los tehuelches. “Tierra aborigen/de quienes cuya sangre/bebió la guerra y la noche”, escribe Riedl. Las tercas toninas de la historia, escribe Perlongher, que acuden a la tumba de Santos Vega. Yacen en estos pagos todos estos versos, estos materiales, que componen el paisaje que somos, en el que crecimos, en el que se vive y se escribe.

Ángel Berlanga

María Rosa Maldonado | Sobre "Yacer en el Tuyú"


Yacer en el Tuyú

Yacer, iacerey, estar extendido, permanecer sobre el lenguaje, ser lenguaje, ir, con él, tejiendo la historia. Quedarse sobre la arena que fue traída-llevada por el mar, por sus olas, percibir la multiplicidad de voces aunadas en una sola sustancia. Las olas, los poemas de Yacer en el Tuyú. Libro de búsqueda y encuentro de esas voces aunadas que configuran un solo poema, referencia y alusión al pago, al territorio desde donde se emerge al mundo. El externo y el interno. Paisaje y alma.
San Clemente del Tuyú, lugar donde el Río de la Plata desemboca en el mar, se hace mar, entra en esa inmensidad para perder su nombre. En el año 1580, Hernando Arias de Saavedra —Gobernador de Asunción—realizó una expedición por tierra hasta llegar a Tandil, acompañado por guaraníes evangelizados que fueron los que le dieron el nombre de Tuyú a la región. Tuyú, cuyo significado es 'lodo' o 'barro blanco' en idioma guaraní. Allí, en San Clemente del Tuyú es donde el barro se mezcla con la arena.
Neobarroso, neobarroco. Nada más barroso que el río. Nada más barroco que el mar. Perlongher lo sabía. Lo era. Extravagante, perla de belleza irregular, engañoso capricho que devela la voz del inconsciente. Lo que no se dice más que bajo las aguas del ensueño. El dulce susurro de la muerte. Toda experiencia, y sobre todo la experiencia poética, pasa por el cuerpo. Provoca el éxtasis. Y Yacer en el Tuyú es un ramo del éxtasis que ofrece la poesía.
La búsqueda y los hallazgos debidos a la paciencia y al amor por la poesía que acompañan el hacer de Ana Claudia, generosa investigadora y recopiladora -y poeta ella misma- del material que compone el presente libro.
Yacer en el Tuyú, historia y testimonio del lenguaje poético en una obra donde, como en los coros, son muchas las voces que modulan la melodía. Pero la melodía sigue siendo única.



En el poema como en el mar

En el poema como en el mar ocurre la destrucción de todo orden jerárquico, incluido el de la semántica; sucede el desborde y la contaminación, el exceso y la heterogeneidad.  Derrida decía que, a veces, la lengua se vuelve loca. Y es cierto: los esquemas de la razón esconden monstruos, el poema oculta animales abisales, peligrosos. Como el mar.
No hay conocimiento teórico que te enseñe a nadar, a meterte, sin miedo, en la boca enorme e indescifrable de esa abundancia de agua, de ese inconsciente oscuro, tal vez feroz, siempre pródigo. El corazón, loco, en medio de las frases que llegan como las olas: ya suaves, ya violentas. Para alcanzar el lenguaje poético hay que renunciar al saber. Deshacer lo aprendido. Buscar lo improbable. El oído atento a la experiencia pavorosa de la revelación. Ver surgir el cardumen, como en un sueño, plateado y moviente, ser el cazador que lo devora. Ser la presa, lo devorado.
El mar, el poema, es, sin duda, lo que está siempre a punto de mostrarse pero nunca se muestra. Permanece dentro de sí cerrado, y en apariencia expuesto a todas las visiones. Símbolo polisémico: la visión del mar nos recuerda el tiempo y la experiencia misma de la vida a través del tiempo, por su mutación constante e inestabilidad, pero también también por su constancia y permanencia:
El mar, el poema, guarida del pez, morada de agua y letra donde se forja el amoroso intento de sostener, por la palabra, el precario equilibrio de las cosas. Allí, en el fino e irrepetible brillo de cada escama, cada verso, se refleja tanto la belleza y el temblor de lo oculto y visionario como la aguda conciencia de lo efímero.
En este libro, plural pero con una extraña y sostenida vibración que lo unifica, la nostalgia del paisaje marino parece ser el color o la fuerza desde donde van aflorando los poemas; lúcida sospecha de la ineludible ley que todo lo gobierna. Pero la nostalgia no reclama el mito del eterno retorno: avanza abriendo un paso en la enramada de la memoria no para imponer el regreso sino para fundar un ir y venir sin tiempo ni mesura entre el presente y el pasado. Allí, todo es recuperado en tanto que transformado. El poema salva, redime, triunfa sobre el poderío de la muerte. Y es una constante presencia de la muerte. La piedra, centro último, oscuro laberinto, hermético núcleo de la conciencia, se abre como la flor al sol gracias al canto que, con su noctiluca irradiación, ilumina esa guarida cerrada al pensamiento diurno.
Por la palabra todo es capturado. La palabra es la red con la que el alma rescata su propia historia. El canto es un “no hacer” liberador desde donde el mundo vuelve a crearse y recrearse sin fin ni principio.
Y la palabra, como la marea, trae, una y otra vez, las inversas y complementarias presencias del pez y de la piedra. Pez y piedra, símbolos de lo absoluto y lo impenetrable. Lo manifiesto, cercano a una mística prehistórica, es el guardián de la caverna sumergida donde el tiempo aún no ha tocado el corazón de las cosas. Todo ha sido engendrado por su húmedo arjé y todo desaparecerá en la vastedad de las aguas.
 El poema, como el mar, oscila entre el paisaje y el sueño. El espectáculo que abre la lectura de estos poemas muestra un negativo de ese fondo de mar, una imagen oscura en contraste con el cielo del agua, por donde el pez –el poema- se desliza, buscando la abertura hacia el otro lado de la vida. Es la flor expuesta a toda escarcha y todo viento, es lo que, irreparable, se entrega a la intemperie del devenir.
El símbolo del deseo -lo animal, lo que anda, en lo más íntimo de nosotros, pegado a los orígenes, lo que “ve” la llanura que se abre después de la muerte- aparece como otra añoranza reiterada, alude a esa perdida comunión con todo lo viviente. Sólo en la inmediatez del instinto la vida puede alcanzar su claridad perfecta.
En el presente poemario que, como dijimos, bien podríamos considerar un solo poema- el lenguaje no limita su fuerza expresiva: La naturaleza, evocada más que como un paisaje externo, como un estado edénico, es la morada de los antiguos (ancestros), la tierra de la infancia, el amor, y la gran Pachamama de la que todo salió y a la que todo volverá. Porque la curva es secretamente circular, es decir, eterna.



Centón a partir de fragmentos de los poemas del libro Yacer en el Tuyú que hacen referencia al mar, en riguroso orden de aparición:

Olas bravías como las turbulencias de mi corazón agigantan ese mar a mis pies. 
Las olas se acuestan en el mar, mientras el sol cambia de color el agua
Ventana al mar debajo del muelle. Puerto de margen de Ria, de corvinas y lisas
nadie habla entre los peces apenas una señal perceptible en bruscas corrientes 
el juego del viento en su pelo oscuro, el oleaje y el olor a mar. Ya se ha ido. Definitivamente ha partido.
Mis huellas que borra el mar con sus brazos. Nunca estuve aquí… Nadie vio mi rastro.
Preguntas me hago, No tienen respuesta, El mar me contesta
Eres horizonte infinito, nostalgia, inspiración, eternidad, rumores y susurros, besos de sal
un punto aparte tres suspensivos el mar que se pierde, el horizonte un perro que se aleja en la noche y
La noche enciende faroles que besan las aguas destacando sus contornos. Las olas arrebatan espumas y desbordan
Mar. Nunca lo vi tan cansado, callado Caminé a su lado sin hablar
Con una caracola dibujó sus sueños en la arena húmeda, de madrugada, a la hora incierta en que el día y la noche se abrazan
Estos árboles, esta arena aquel cielo y aquel mar...
El ondular del mar enciende nuestros pensamientos ocultos
allá abajo, entre arena, silencio y oscuridad
el mar es como el tiempo transcurre entre nosotros tiñendo este arenal Me hundo en esta laguna con nombre de mar. Me hundo en la quietud de lo estancado.
extasiado escuchando el rumoreo del mar en las caracolas,
un barco varado, mirando las tempestades pasar
Te elevas como las olas Te pierdes como el mar Tus cabellos se enredan en el mirar
Navegar los días.  Imaginarse en su mar. Dispararse en el azul, en el gris-nácar, en el verde-ambarino.
Aquellos castillos de arena que construíamos a orillas del mar para verlos derrumbarse, parecen reales hoy
La bahía despierta. En su juego de invisibles espejos cientos de aves danzan alegres sobre el despeinado oleaje
ostras y sal, las algas secas por el sol y el olor de las algas frescas en la orilla en donde dejamos reposar el día
su soledad, la inmensidad del mar y su sonrisa que se esfumaba con la brisa de la madrugada.
Sobre la interminable playa de un mar que descansa y una luna que no cesa de alumbrar,
En mi mar, donde nunca hay veleros el cardumen de mis sueños se desliza por estelas de barcos sumergidos
mirando el mar como una pantalla de cine
la luna, que muestra su nácar sobre el mar.
un peregrinar de cielos infinitos, una luz, navegar por mares inciertos
se cubren mis canas junto a la arena del mar
La lluvia cae sobre ti pescador, detrás, está el marco inmenso del mar.
en otoño miro el cielo y veo el mar.
la milenaria agua de mar
a veces tan calmo y otras tan bravío, por eso proclamo que este mar es mío.


María Rosa Maldonado