DANZA
Tengo mi alma mezclada con la tuya,
como el río se mezcla con el mar,
y no se si tu alma aun es tuya,
o es mía de tanto quererla amar.
Ya no importan silencios ni palabras,
es la marea que nos quiere juntar,
y no hay conjuro, magia ni abracadabra,
que nos logre en este tiempo separar.
Porque el viento dibuja la frontera,
son los límites que nos saben imponer,
esos que desdibujamos cuando quieras,
cada vez que huyes y me vienes a ver.
Si uno avanza y el otro cede,
solo lo hace para avanzar después,
a la huída del otro que precede,
el ensayo repetido de vez en vez.
Quizás un día miremos a la playa,
que nuestra danza no cesa de observar,
y abandonemos el caudal que desmaya,
que celoso juntos nos verá caminar.
Hasta entonces tu alma que es la mía,
y la mía que es tuya sonreirán,
de las gentes que ignoran que cada día,
como el río y el mar se amarán.
MAR DE MAYO
Quieto,
Como
un telón,
Que
antecede
Al
horizonte.
Callado,
Como
un susurro,
Que
acompasa
Al
silencio.
Gris,
Como
un cielo,
Que
fecunda
A
la tierra.
Frío,
Como
un hielo,
Que
compadece
Al
desierto.
Es
mayo
Y
mi mar,
Ese
mar compañero,
Solo
espera.
Como
yo,
Que
gire la Tierra,
Para
nuevamente,
Hacer
el amor.
EL VIENTO Y EL GRITO
Atrás quedó la ría,
oscura de bajamar,
lejos el sol salía,
sobre agitado mar.
Pequeño fue el puerto,
oculto en su estela,
en el muelle desierto,
un cómplice en vela.
Acelera furioso,
con el viento de popa,
su andar presuroso,
carece de derrota.
El rumbo es al este,
sin final conocido,
al timón se mece,
el piloto herido..
De vivir tan cansado,
de sufrir aburrido,
eterno fracasado,
por ello resentido.
A babor la bahía,
luce acogedora,
saluda su planeo,
en la fresca aurora.
A estribor el faro,
envuelto en bruma,
da su destello claro,
a la pálida luna.
Capitán solitario,
supera las balizas,
sin abrigo precario,
Punta Rasa divisa.
La proa presurosa,
busca con afán el mar,
y salta desdeñosa,
el oleaje a cruzar.
Un sol esplendoroso,
azul cielo alumbra,
ve rostro lacrimoso ,
emerger de la sombra.
Al timón se aferra,
su andar aminora,
por olas que dan guerra,
al casco que implora.
En la playa un alma,
en vela de tristeza,
aguarda sin calma,
al día que empieza.
El paso de un punto,
por verde mar espera,
y tiembla de espanto,
herida a su vera.
Cabecea la lancha,
del horizonte en pos,
con rugir de revancha,
en subebaja feroz.
De repente un grito,
el viento sabe traer,
mal destino escrito,
quiere el grito romper.
Rodeado de belleza,
él no quiere escuchar,
en la naturaleza,
busca el fin apurar.
Ya perdido en el mar,
punto herido de amor,
se oye al viento gritar:
“No lo hagas, por favor”
PUERTO DE RIA
Puerto de ría,
Que subes y bajas,
De mar te llenas,
Después te desgajas.
Tus naves rehenes,
Sujetas a horarios,
El fondo las retiene,
Cual si presidiarios.
Al subir tú traes,
La marina riqueza
Y al bajar nos dejas,
La natura belleza.
De cangrejos morosos,
Y rapaces picudos,
Flamencos primorosos,
Y albos zancudos.
Muy lento a tu vera,
El amor se pasea,
Mientras la pesca,
Veloz se acarrea.
Gozo tu silencio,
Aspiro fluvial calma,
Tu vaivén eterno,
Arrulla mi alma.
El fin de la tarde,
Pronto me sorprende,
Un sol rojo caído,
Pastizales enciende.
¡OH puerto de ría,
Del mar tan cercano,
De a ratos unido,
Por siempre su hermano!
Enrique Momigliano (1957)
Nació en Temperley, vive en CABA
Transcurre largo tiempo en San Clemente del Tuyú
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