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Mi cuerpo es, por completo,
convocado por el día.
Como si los primeros rayos penetraran
en mis ojos, limpios cristal
curados de sueño.
Levantarme del lecho es, para mi,
de un intenso poderoso
pulmones despiertan
hígado y olfato, despiertan
la lengua baila y los ojos arden.
Afuera, y adentro, brilla tanto
una belleza saturada y palpitante,
sinergia, creación y espasmos.
En la hiedra se ganaron las abejas,
cuando paso por ahí, no me hacen nada.
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Hoy pienso en mi piel,
pero sobre todo pienso
en lo que contiene
-en lo que retiene-
Mi piel me atrapa,
me sostiene y me cubre.
Un campo de suavidad gravitatoria para que no pueda escapar -de
mi-
Dermis, yo te engaño,
cuando duermo, cuando sueño, yo te engaño.
Me escapo por tus huecos, me expando, me convierto en aquello que
no duele.
Mi piel, de miel, de campo nutrido,
amplia, elástica, imperfecta
y para muchos ofensiva;
un día, de aquellos que no avisan,
explotará mi mente, mi alma
y quedaré esparcida en mil pedazos.
Habitaré en mil pieles, fragmentos, trozos de mi.
La tierra debe servirse,
ya quisiera yo ser parte de un árbol y de un mar a la vez.
Intento capturar las imágenes cotidianas,
con la conciencia de quien toma una fotografía,
digo tomar porque quiero poder tocar mis recuerdos,
oler mis recuerdos.
Ya siento nostalgia de mi,
por momentos no recuerdo mi nombre, mi rostro.
Como si tal vez mi nombre, siendo nombrado por otros labios con
nombre o los mios,
se convirtiera en un conjuro que alejaría la muerte,
al punto de someterla y así permanecer.
Y cómo sonarán mis letras agrupadas cuando ya no describan un
cuerpo,
sino una idea de mi, un yo abstracto
que existe en los que me nombran, que pueden o no haberme
conocido.
Mi inexistencia me angustia pero no me detiene,
será el incontrolable optimismo del inocente,
y quizás en trilenios un grupo de átomos y células se agrupen de
una manera tal
que se configuren en una otra Carla,
una yo del futuro que tal vez sea nombrada por futuros labios con
nombres.
Con todos mis recuerdos, o ninguno.
Y será tan nuevo ese comienzo,
tan brillante y oportuno, tan delicioso
como un jazmín que prolifera
como una sombra de parra
como la niñez con un nono, y una cancha de bochas.
¿Hablaré de las plantas?
¿Encontraré a mi compañero entre tantos ojos nuevos?
Voy a vivir en el mar.
Eso sí.
Para escribir no necesito papel,
no necesito.
Porque me brotan las palabras,
y se prenden de los árboles;
y sobre el mar, también escribo,
con mi mente proyecto los versos que se acomodan con las olas.
Y la poesía rompe.
Para escribir no necesito tinta, no necesito;
porque escribo en sangre.
La poesía vive y se retuerce.
No hay derrumbe que valga,
no hay noche, ni sed
ni necesidad diferente.
Carla Lagarejos Trapani (1986)

Tu esencia y tu lugar en el mundo, están reflejados en tu poesía.
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