Alejandro Omer Rosales


CON AMOR A SAN CLEMENTE

Hoy es viernes diecisiete,
noviembre el mes que cursamos
y aquí nos encontramos
metidos en lindo brete.
No pensemos que es apriete
el tema que fue elegido,
pues si así fue decidido
es queriendo homenajear,
del pago algún lugar
con el respeto debido.

Sentado en una silla
vuela mi imaginación,
pidiendo a la inspiración
tarea nada sencilla.
Por fortuna la semilla
pudo mi mente plantar
y comenzó a germinar
con ese riego intuitivo,
que me mantiene muy vivo
y ansioso de progresar.

Cuando antes dije el pago
me referí a San Clemente
del Tuyú precisamente
y merecedor de halago.
Realmente hay que ser mago
para poder decidir,
sobre qué se ha de escribir.
Algo que sea destacado
y que nos haya impactado
en nuestro diario vivir.

La mente al fin se anima
empezar a enumerar :
Los médanos, playa, mar
y lo benigno del clima.

Lo mencionado se estima

y podemos agregar,
que no existe otro lugar
en que el sol  pueda apreciarse,
sobre el agua levantarse
y sobre el agua acostar.

Agradezco lo nombrado
-de una singular belleza-
y a la naturaleza
que el Hacedor ha creado.
El hombre es privilegiado
de habitar este lugar.
De él podemos gozar
como un eterno presente.
Es como un aliciente
en el diario trajinar.

Pero la creación primaria
ha tenido complemento.
Porque hubo un momento
que elevando una plegaria,
hubo fuerza necesaria
para un emprendimiento,
que fue cavar los cimientos
de una nueva ciudad,
venciendo a la adversidad 
sin tristezas ni lamentos.

A fuerza de corazón
y objetivos muy certeros,
nuestros queridos pioneros
cumplieron con su misión.
Lo que era desolación
ellos fueron transformando
y a su vez fueron creando
silenciosos, sin barullo,
lugares que hoy son orgullo
y que estamos disfrutando.

Los lugares mencionados
-frutos de inicial simiente-
promocionan San Clemente.
Son al turismo brindados
ese sitio arbolado
conocido por Vivero.
Un lugar al que yo quiero
porque me brinda solaz
pero sobre todo paz
y sosiego verdadero.

Pero no debo olvidar
el muelle de pescadores,
donde niños y señores
y damas van a pescar.
También lo han de intentar
en la Tapera de López.
Y ojalá que te copes
con Termas, Mundo Marino,
privilegiados destinos
que asombrarán con sus dotes.

Pero en este divagar
casi algo se me pasa.
Es mencionar Punta Rasa
un muy especial lugar.
Ideal para pescar,
vista al Faro y la Bahía
donde procrearán sus crías
corvinas de gran tamaño,
presencia que, año a año,
el pescador tanto ansía.

Y quiero finalizar
el tema desarrollado.
Mi sentir yo he volcado
en décimas y brindar
lo digno de destacar.
Este es mi parecer.
Si así lo ha podido ver
quien nos haya visitado,
ojalá haya disfrutado
para incitarlo a volver.









R  E  L  A  X

Con dos proyectos : Despejar la mente
y oxigenar a pleno mis pulmones,
me fui al sitio donde mis intenciones
podría satisfacer debidamente.
Es muy corto el trayecto a transitar,
unos doscientos metros bien escasos,
salí de casa y dirigí mis pasos
para arribar, en instantes, al lugar.
El día presentábase soleado,
el calor, por momentos, sofocaba,
por eso es que con ansias yo buscaba,
un respiro en  sitio arbolado.
Ingreso a él y el cambio es tan profundo
que hasta parece un tanto irreal,
la paz que allí se siente es ideal.
¡ Como haber penetrado en otro mundo !
Los caminos están muy bien cuidados,
se ve que se trabaja con esmero,
pueden sentir orgullo verdadero
todos los que esta obra han realizado.
Mas ..... hay algo que hace que me asombre
y ello es la imponencia del boscaje,
precisaría de todo mi bagaje
para poder adjudicarle un nombre.
Mi mirada dirijo hacia la altura
y es un rayo de luz el que diviso,
que se ha filtrado  -sin pedir permiso-
con no poco trabajo en la espesura.
La arboleda, esparcida por doquier,
mezcla es de eucaliptos y de pinos
y otras especies que cercan los caminos,
aumentando aún más nuestro placer.
De algunos ejemplares, los tamaños,
nos hablan  sobre el tiempo que ha pasado.
Desde el momento en que se han plantado,
fueron –sin duda- muchos, muchos años.
Se yerguen vigorosos desde el suelo
elevando sus ramas hacia lo alto,
como si de algo se encontraran faltos
y quisieran hallarlo en el cielo.
Para alguno el ciclo se ha acabado
y ha perdido ya sustentación,
da pena ver como, en postrera acción,
en un árbol vecino se ha apoyado.
Otro yace caído, ya sin vida,
mostrando su estructura majestuosa,
dando la pauta que ha sido muy hermosa
su estampa cuando se encontraba erguida.
Sin rumbo fijo me pongo a caminar,
mis pies hacen gemir la hojarasca
y se oye el ruido de un árbol que se rasca,
contra otro árbol que el viento hace oscilar.


El mismo viento hace caer alguna hoja,
la rama vibra y emite un gemido,
quejándose de aquél que se ha atrevido,
a cometer la acción que la despoja.
El eucalipto nos muestra, a su vez,
a ritmo lento, nunca con presteza,
como va desechando su corteza
y mostrándose en toda su desnudez.
También el pino de piñas se desprende,
que al abrirse esparcen sus semillas,
cumpliendo una rutina muy sencilla
que a la propagación siempre propende.
Mi presencia ha sido advertida
por las aves que pueblan el lugar
y algunas he logrado alborotar
por esta intromisión, algo atrevida.
Ellas son : la cotorra y su gran nido,
palomas turca, montera y torcacita,
calandria, benteveo, ratuchita,
el hornero, zorzal y renegrido.
La lechuza  y alguna otra rapaz,
golondrinas, gorriones y chingolos
y el colibrí, que siempre anda solo.
Todas gozan de éste ámbito y su paz.
Completé mi experiencia aspirando,
el aire puro que allí está latente,
tocar cortezas y plantas suavemente.
Sólo un sentido, el gusto, está faltando.
Completar los sentidos me propongo
y es así que en una zona de pinar,
semi escondido he podido hallar
lo que pronto habré de saborear, un hongo.
Valoremos esto que aquí tenemos,
la vida vegetal por excelencia
y la alada que aporta su presencia.
¿ Hace falta algo más ? ¡ Ni lo pensemos !
Que esto es un paraíso, soy consciente.
Lograr aquí el relax, es verdadero.
Reserva Forestal, también Vivero
Cosme Argerich, pulmón de San Clemente.
Y perdonen si digo con fervor
más también respondiendo a mi conciencia,
que en el lugar se siente la presencia,
infaltable, de Nuestro Creador.








Y O, E L     F A R O

Recuerdo. En un tiempo fui,
parte de los materiales,
que usan, en las construcciones,
seres llamados mortales.
Materiales que utilizan
para construir propiedades,
formando primero, pueblos,
caminos, después ciudades.
Elementos que han de ser,
entre ellos, muy bien unidos.
Única forma de hacer
que cumplan su cometido.
Son muchos los componentes,
no he de mencionar sus nombres,
pero deben ser unidos
por alguien capaz, el hombre.
´ Él tiene la inteligencia
de apreciar todas las cosas
y que sean de utilidad
en tareas exitosas.
Quien me oiga ha de dudar
de lo que estoy expresando.
Comprendo que esto sea así
y lo acabe asombrando.
Mas …..no dude ni se asombre.
Hoy, este don se me ha dado :
expresar mi sentimiento,
aún siendo inanimado.
Dije que en un tiempo fui
conjunto de materiales.
Hoy soy una construcción
que es útil a los mortales.
Me siento muy orgulloso
y a la vez he sido honrado,
para cumplir la misión
que se me ha encomendado.

Mi estructura, es majestuosa,
soy como un monumento.
Perdonen si soy pedante,
pero así es como me siento.
Me han hecho en forma ahuecada
y una escalera poseo,
por ella pueden subir,
padeciendo algún jadeo.
Pero me he modernizado
para tratarlos mejor.
Ahora estoy provisto,
de un moderno ascensor.
En lo alto se ha instalado
espacioso mirador,
para apreciar la Bahía
en todo su esplendor.
Desde aquí han de obtener
hermosas fotografías,
llevando de San Clemente
recuerdo de su estadía.
Pero no sólo soy útil
para el que es mi visitante.
Mi utilidad mayor
la dedico al navegante.
Él se guía por la luz
que sale de mi estructura,
con la cual su travesía
resulta asaz segura.
Función que puedo cumplir
gracias a  un compañero,
que no se aparta de mí.
Me refiero al Torrero.
Supongo sabrán quien soy
en base a mi testimonio.
Si no es así, se los digo:
Soy, el Faro San Antonio.


Alejandro Omer Rosales (1932)
Nació en CABA, reside en San Clemente del Tuyú 

                                
 


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