CON AMOR A SAN
CLEMENTE
Hoy es
viernes diecisiete,
noviembre el
mes que cursamos
y aquí nos
encontramos
metidos en
lindo brete.
No pensemos
que es apriete
el tema que
fue elegido,
pues
si así fue decidido
es queriendo
homenajear,
del pago
algún lugar
con el
respeto debido.
Sentado en
una silla
vuela mi
imaginación,
pidiendo a la
inspiración
tarea nada
sencilla.
Por fortuna
la semilla
pudo mi mente
plantar
y comenzó a
germinar
con ese riego
intuitivo,
que me
mantiene muy vivo
y ansioso de progresar.
Cuando antes
dije el pago
me referí a
San Clemente
del Tuyú
precisamente
y merecedor
de halago.
Realmente hay
que ser mago
para poder
decidir,
sobre qué se
ha de escribir.
Algo que sea
destacado
y que nos
haya impactado
en nuestro
diario vivir.
La mente al
fin se anima
empezar a
enumerar :
Los médanos,
playa, mar
y lo benigno
del clima.
Lo mencionado se estima
y podemos
agregar,
que no existe
otro lugar
en que el
sol pueda apreciarse,
sobre el agua
levantarse
y sobre el
agua acostar.
Agradezco lo
nombrado
-de una
singular belleza-
y a la
naturaleza
que el
Hacedor ha creado.
El hombre es
privilegiado
de habitar
este lugar.
De él podemos
gozar
como un
eterno presente.
Es como un
aliciente
en el diario
trajinar.
Pero la
creación primaria
ha tenido
complemento.
Porque hubo
un momento
que elevando
una plegaria,
hubo fuerza
necesaria
para un
emprendimiento,
que fue cavar
los cimientos
de una nueva
ciudad,
venciendo a
la adversidad
sin tristezas
ni lamentos.
A fuerza de
corazón
y objetivos
muy certeros,
nuestros
queridos pioneros
cumplieron
con su misión.
Lo que era
desolación
ellos fueron
transformando
y a su vez
fueron creando
silenciosos,
sin barullo,
lugares que
hoy son orgullo
y que estamos
disfrutando.
Los lugares
mencionados
-frutos de
inicial simiente-
promocionan
San Clemente.
Son al
turismo brindados
ese sitio
arbolado
conocido por
Vivero.
Un lugar al
que yo quiero
porque me
brinda solaz
pero sobre
todo paz
y sosiego
verdadero.
Pero no debo
olvidar
el muelle de
pescadores,
donde niños y
señores
y damas van a
pescar.
También lo
han de intentar
en la Tapera
de López.
Y ojalá que
te copes
con Termas,
Mundo Marino,
privilegiados
destinos
que
asombrarán con sus dotes.
Pero en este
divagar
casi algo se
me pasa.
Es mencionar
Punta Rasa
un muy
especial lugar.
Ideal para
pescar,
vista al Faro
y la Bahía
donde
procrearán sus crías
corvinas de
gran tamaño,
presencia
que, año a año,
el pescador
tanto ansía.
Y quiero
finalizar
el tema
desarrollado.
Mi sentir yo
he volcado
en décimas y
brindar
lo digno de
destacar.
Este es mi
parecer.
Si así lo ha
podido ver
quien nos
haya visitado,
ojalá haya
disfrutado
para
incitarlo a volver.
R E L
A X
Con dos proyectos : Despejar la mente
y oxigenar a pleno mis pulmones,
me fui al sitio donde mis intenciones
podría satisfacer debidamente.
Es muy corto el trayecto a transitar,
unos doscientos metros bien escasos,
salí de casa y dirigí mis pasos
para arribar, en instantes, al lugar.
El día presentábase soleado,
el calor, por momentos, sofocaba,
por eso es que con ansias yo buscaba,
un respiro en sitio
arbolado.
Ingreso a él y el cambio es tan profundo
que hasta parece un tanto irreal,
la paz que allí se siente es ideal.
¡ Como haber penetrado en otro mundo !
Los caminos están muy bien cuidados,
se ve que se trabaja con esmero,
pueden sentir orgullo verdadero
todos los que esta obra han realizado.
Mas ..... hay algo que hace que me asombre
y ello es la imponencia del boscaje,
precisaría de todo mi bagaje
para poder adjudicarle un nombre.
Mi mirada dirijo hacia la altura
y es un rayo de luz el que diviso,
que se ha filtrado -sin
pedir permiso-
con no poco trabajo en la espesura.
La arboleda, esparcida por doquier,
mezcla es de eucaliptos y de pinos
y otras especies que cercan los caminos,
aumentando aún más nuestro placer.
De algunos ejemplares, los tamaños,
nos hablan sobre el tiempo
que ha pasado.
Desde el momento en que se han plantado,
fueron –sin duda- muchos, muchos años.
Se yerguen vigorosos desde el suelo
elevando sus ramas hacia lo alto,
como si de algo se encontraran faltos
y quisieran hallarlo en el cielo.
Para alguno el ciclo se ha acabado
y ha perdido ya sustentación,
da pena ver como, en postrera acción,
en un árbol vecino se ha apoyado.
Otro yace caído, ya sin vida,
mostrando su estructura majestuosa,
dando la pauta que ha sido muy hermosa
su estampa cuando se encontraba erguida.
Sin rumbo fijo me pongo a caminar,
mis pies hacen gemir la hojarasca
y se oye el ruido de un árbol que se rasca,
contra otro árbol que el viento hace oscilar.
El mismo viento hace caer alguna hoja,
la rama vibra y emite un gemido,
quejándose de aquél que se ha atrevido,
a cometer la acción que la despoja.
El eucalipto nos muestra, a su vez,
a ritmo lento, nunca con presteza,
como va desechando su corteza
y mostrándose en toda su desnudez.
También el pino de piñas se desprende,
que al abrirse esparcen sus semillas,
cumpliendo una rutina muy sencilla
que a la propagación siempre propende.
Mi presencia ha sido advertida
por las aves que pueblan el lugar
y algunas he logrado alborotar
por esta intromisión, algo atrevida.
Ellas son : la cotorra y su gran nido,
palomas turca, montera y torcacita,
calandria, benteveo, ratuchita,
el hornero, zorzal y renegrido.
La lechuza y alguna otra
rapaz,
golondrinas, gorriones y chingolos
y el colibrí, que siempre anda solo.
Todas gozan de éste ámbito y su paz.
Completé mi experiencia aspirando,
el aire puro que allí está latente,
tocar cortezas y plantas suavemente.
Sólo un sentido, el gusto, está faltando.
Completar los sentidos me propongo
y es así que en una zona de pinar,
semi escondido he podido hallar
lo que pronto habré de saborear, un hongo.
Valoremos esto que aquí tenemos,
la vida vegetal por excelencia
y la alada que aporta su presencia.
¿ Hace falta algo más ? ¡ Ni lo pensemos !
Que esto es un paraíso, soy consciente.
Lograr aquí el relax, es verdadero.
Reserva Forestal, también Vivero
Cosme Argerich, pulmón de San Clemente.
Y perdonen si digo con fervor
más también respondiendo a mi conciencia,
que en el lugar se siente la presencia,
infaltable, de Nuestro Creador.
Y O, E L F A R O
Recuerdo. En un
tiempo fui,
parte de los
materiales,
que usan, en las
construcciones,
seres llamados
mortales.
Materiales que utilizan
para construir
propiedades,
formando
primero, pueblos,
caminos, después
ciudades.
Elementos que
han de ser,
entre ellos, muy
bien unidos.
Única forma de
hacer
que cumplan su
cometido.
Son muchos los
componentes,
no he de
mencionar sus nombres,
pero deben ser
unidos
por alguien
capaz, el hombre.
´ Él tiene la
inteligencia
de apreciar
todas las cosas
y que sean de
utilidad
en tareas
exitosas.
Quien me oiga ha
de dudar
de lo que estoy
expresando.
Comprendo que
esto sea así
y lo acabe
asombrando.
Mas …..no dude
ni se asombre.
Hoy, este don se
me ha dado :
expresar mi
sentimiento,
aún siendo
inanimado.
Dije que en un
tiempo fui
conjunto de
materiales.
Hoy soy una
construcción
que es útil a
los mortales.
Me siento muy
orgulloso
y a la vez he
sido honrado,
para cumplir la
misión
que se me ha
encomendado.
Mi estructura,
es majestuosa,
soy como un
monumento.
Perdonen si soy
pedante,
pero así es como
me siento.
Me han hecho en
forma ahuecada
y una escalera
poseo,
por ella pueden
subir,
padeciendo algún
jadeo.
Pero me he
modernizado
para tratarlos
mejor.
Ahora estoy
provisto,
de un moderno
ascensor.
En lo alto se ha
instalado
espacioso
mirador,
para apreciar la Bahía
en todo su
esplendor.
Desde aquí han
de obtener
hermosas fotografías,
llevando de San
Clemente
recuerdo de su
estadía.
Pero no sólo soy
útil
para el que es
mi visitante.
Mi utilidad
mayor
la dedico al
navegante.
Él se guía por
la luz
que sale de mi
estructura,
con la cual su
travesía
resulta asaz
segura.
Función que
puedo cumplir
gracias a un compañero,
que no se aparta
de mí.
Me refiero al
Torrero.
Supongo sabrán
quien soy
en base a mi
testimonio.
Si no es así, se
los digo:
Soy, el Faro San
Antonio.
Alejandro Omer Rosales (1932)
Nació en CABA, reside en San Clemente del Tuyú

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