Enrique Cerezo

II

Hoy Las Vegas
es el mundo.
Hoy no siento
sino correr
rodando.
Ríos impersonales,
verbos
en tercera persona,
barcos que pasan
sin estela,
hombres que mueren
sin historia.
Si, hoy entré
en la máquina
tragapersonas.








III

La cabeza de un mundo
está llorando
gotas de aburrimiento
Barren las aceras
caen por las zanjas
y entran –sin querer-
en los ojos
de un yo divagante
Y ocio y aburrimiento
siguen juntos

Perduro








IV

Buscamos
los enigmas
sintiendo
el peso de los años.
Sabemos
angustias
y seguimos
para hundirnos
en nuestros
mares de lágrimas.
Y el tiempo
no es
sino el marcapasos
del corazón
presente.
Luchamos
siempre
bajo la luz
tenue
pobre
solitaria
(pero nuestra)
de la recóndita
lejana
íntima
esperanza…








V

Se pierde
en tu aroma
barbado
el tiempo
de un ayer descalzo.
Exhala perfume
de horas
angustia
y futura
nostalgia…
y futura
nostalgia…
y futura
máquina
por ansiedad
cumplida.
A mis lados
ya no hay
horas.
Sólo yo,
y mi eco maquinal
en una oda
a la Rosa
de los Tiempos.








VI

Y el círculo se cierra.
Conocimiento.
El esplendor
antiguo
ahora es engaño.
Y hay un mar
que lava
conciencias
de un recreo
de engaño.
Convivir
con los dedos
en la llaga
de la verdad.
Y una boca
rotulada de silencios
es integrada
al engaño infinito.

Pasamos…








A DIÓGENES

Orado
el si divagante
de una eternidad
que se pierde
rodando en las aceras.
Veo
las risas prosaicas,
el llanto que miente,
el mortal que siempre…
siempre se agacha.
Concluyo
que aún hoy
te cansarías de buscar.
Comprendo todo el llanto…

No existe.


Enrique Cerezo (1953)
Nació en CABA, reside en Santa Teresita 

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