Rosa Leguizamón


Antes de rendirnos, fuimos eternos*
ARENA SEPIA

Nuestra seducción fue inapelable
desde la noche que pisé arena,
en busca de joyerías naturales.

Tu fija mirada seguía mis huellas;
carente de piernas que te conduzcan,
dejabas en tus pisadas, estelas.

Todo a pasado al pasado, y en mí retumba,
mientras hoy confundo caracoles con heces;
el graznido de las gaviotas ahora mudas

al oír motores que las estremecen
y quiebran las conchas junto a mis musas
impidiendo que los cangrejos regresen,
a mi lienzo no le queda más que espuma.

El brillo que me obnubila implacable
no es el nácar que mi palma espera,
es un trozo de lata de aluminio deshechable.

La playa deshabitada de animales
y cualquier vestigio de belleza se alumbra
con reflectores, que embarran el paisaje;

bolsas de nylon enlazadas con medusas
enfrían el sol gris apesadumbrado
y ya no quiere iluminar la menguante luna.

Eternos fuimos mientras luchamos,
pero la inconsciencia humana despunta.
De cuajo impiadosamente  te han guillotinado,
mi médano ahora es cemento y basura.








BARRIO KANMAR

Hoy no hay velas que iluminen mi pesar.
No importa, miraré hacia la ventana
para que el sueño me venga a consolar,
y así olvide que llegará un mañana.
El silencio campero es más fuerte esta noche,
solo del tordillo se oye el relinchar,
quizá molesto con la lechuza
que lo sobrevuela para fastidiar,
mientras algún bicho rastrero
no resuelva donde la noche pasar.
Y allí…incesante es el croar
de los predictores de lluvia llegar:
así me contaron los paisanos
que saben de historia contar.
La luna se agiganta
sobre un negro cielo, cual mar
ha de agitarse en cualquier momento
para que sus olas de llanto pueda azotar,
lo que queda de mis sentimientos;
mientras otra noche vuelvo a pasar
entre seres nocheros, mis compañeros,
que velan por mis ojos cerrar,
y yo, entregada a Morfeo,
siento mis mejillas secar
cuando el tucu-tucu mañanero
con su retumbe me viene a despertar.
No se si mi pesar apague el fuego
que envuelve mi alma rota y sin paz.
Pero sí hallé mi lugar en el mundo
el universo del Barrio Kanmar,
con sus anfitriones casi irreales
que cada noche me vienen a consolar.


Rosa Leguizamón (1976)
Nació en Partido de San Martín (Prov. de Bs. As.), reside en Mar de Ajó




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