Martha Elvita Rodríguez


COSAS DE MUJER

Uno siente que en versos, deposita su alma
Esas tiernas palabras que nos quitan la calma
Y en la tierna agonía, nos permite soñar.

En hilvanadas frases, en palabras, decimos
Aquello que escondido como frágil racimo
Como un cálido nido, nos da seguridad.

En los tiempos pasados, se nos daban medidas
A todas las mujeres por siempre sometidas
A las reglas estrictas de nuestra sociedad.

Silenciosas mujeres con sus bocas selladas
Sedientas de expresarse, aunque fueran amadas
Oprimidas sus almas hasta la sequedad.

Yo se que en aquel tiempo de noches sin estrellas
Lágrimas en mi madre… esa mujer tan bella
De sus ojos tan tristes, las he visto brotar.

Tan llena de amargura, silenciosa, callada
Quizá volcó en mi vida, su afán de mostrar
Cuando fuego llevaba, que la supo quemar.

Todo lo que oculto, olvidando sus ansias
Como un grato perfume, o una sutil fragancia
Aunque parezca un sueño, eso… ¡lo herede yo!








OBSESIÓN

Llueve y llueve pero dentro mío
La sangre se desliza por mi agonía
Me molesta el sonido del viento
Que no se lleva mi desilusión.

Desde el búcaro las rosas dejan caer sus pétalos
Tienen frío… yo las congele
Mi aliento no encuentra tibieza
El frío de mi alma no tiene fin.

Recuerdo su piel… su pálida tersura.
Las carisias que no le di, me dañan 
Vuelan como pájaros en la noche
que extraviados, no entienden el porqué.
Y llueve, y sigue lloviendo
Los cristales del ventanal, opacos
disimulan mi tristeza.
Mi corazón humillado y herido
agoniza cruelmente mutilado.

Ya no veo salir el sol… lo ignoro
Solo, envuelto en sombras,
con ojos torturados e insomnes,
comprendo que nunca le interesé.

Como un fantasma que huye de la luz,
me despojo de su recuerdo para poder vivir.








TRAICIÓN

Tiene sabor amargo
Es como hiel hurgando el sentimiento
Cuchillo desgarrando la carne
Como arder sin llamas en el afecto.

Es dolor del alma estrujada
Angustia de estar en soledad
Andar caminos en tinieblas
Sentirse en tremenda orfandad.

Es no encontrar la mano amiga
Esa que cruelmente nos mutiló
El calor del abrazo necesario
El alimento que finalmente nos negó.

Sombra pegajosa que denigra.
Infamia, llaga que ulcera el corazón
Puerta cerrada para el olvido
Nube que impide la razón.

Miedo desgarrando las entrañas
Humillación, sueño perdido, lacra negra
Que impide gozar de la luz
E ignorar el brillar de las estrellas.

Dolor que no encuentra consuelo
Espina lacerando la intimidad
Amor disfrazado de odio
Eterna noche llena de obscuridad.








INDEFENSIÓN

Como un pájaro que perdió el vuelo
Marianita no entendía que pasaba.
Su inocencia se estrellaba contra un muro,
donde no existían consejos, ni palabras.

Acostumbrada a vivir en la miseria
sin derechos, sin disfrute… solo lágrimas
Su pancita reclamaba comida,
¡la que los días iguales, le negaba!

Jamás entendió la pobreza de su rancho,
careciendo de todo, ella sobrevivía,
jugaba con las sombras y las luces,
¡Nunca un juguete para la alegría!

No esperó mañanas venturosas, no las hubo,
en el jergón, depositaba su tristeza.
¡Cuánto llanto escondido, denigrante,
no hay arco iris, cuando el hambre asedia!

Había quedado sola con su madre.
Sus hermanos, uno a uno fallecieron,
se fueron ignorando que es la vida.
Por el abuso del más rico, el hambre padecieron.

Cual paloma que quebró las alas,
no intentaba provocar el vuelo.
Resolvía en distracciones su soledad,
como un perro, que no tiene dueño.

Remolino de sombras, la atrapó una noche,
el dolor de su carne… ¡era infinito!
Las perlas negras de sus ojos se cerraron
¡hasta los pájaros lloraron en sus nidos!

Dolor por la injusticia nos envuelve
Quejidos del alma, padecidos.
No hay futuro si no viven los niños.
¡El dinero, la conciencia del hombre, ha pervertido!








BUSCANDO SOMBRAS

La luna se ha metido
Sin que se lo pidiera
En el vaso de vino que disfruto
Con la pienso… será mi compañera.

Su luz invade todo, nada ignora
Y yo, enamorado y feliz, le he pedido
Que a veces, se oculte un instante
para poder besar, como he querido.

Más la luna… ¡envidiosa de mi amor!,
se esmera en brillar de vil manera
y aunque me ofrece guiños amistosos
yo desearía que por fin… se fuera.


Martha Elvira Rodríguez (1933)
Nació en CABA, residió durante un tiempo en Santa Teresita 

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