Marcela Passo


AL PESCADOR

Una estela te dibujan las sirenas.
Es tu guía, tu destino y tu soñar…
En el mar vas derramando duras penas
que se hunden y no vuelven nunca más.

Tu silencio está escondido entre las olas;
en la brisa de cristal, tu corazón.
Las estrellas encantadas brillan solas,
al igual que el alma de tu embarcación.

Cada día te regala la esperanza
de volver con gloria eterna entre tus manos.
Con las ansias de luchar ya no te cansas,
tus deseos de seguir son los más sanos.

Pescador, está en tu vida la semilla
que dará el fruto tan fresco como el día,
que estará esperando lunas tan sencillas
como el canto del amor y la alegría.

En el eco de la bruma grita el viento
mientras sueñas con promesas de diamante…
te protegen lunas llenas, y el aliento
que se escapa de la noche tan fragante,
quiere ser junto a tu voz un sentimiento,
quiere estar en tu mirar de navegante.





  


YO, POETA

Llevo entre mis versos la suave melodía
de luz y tinieblas que cruzan calladas…
Sobre mis mejillas, descansan los días
y bajo mis alas, se cubren las llamas.

Se estremece el tiempo, brota la semilla,
se eleva a la cumbre el ave nocturna.
Podría matarme una turbia sonrisa,
silenciosamente, si el sol no me alumbra.

Un día; son tantos los días que pasan!,
de frente al abismo, conocí el dolor.
No habría creído, ni en la tierna infancia,
que el sol derribara lágrimas de amor.

Se aferra a la greda hierba conmovida.
Un halo distante dibuja en su faz.
Panadero libre vuela en son de vida…
¡Se lleva mi tiempo!. - ¡Vuelve!. (Ya no está).

La roca murmura, y un sueño constante
sumerge su estrella, nace al suspirar…
Pero todo aquello que en el aire nace,
sobre papel blanco se puede grabar.
Sin papel soy fiera carente de garras,
canto sin palabras, rosa sin rocío.
Enséñame, cielo, (tú nada lo callas)
a grabar mis versos sobre los caminos.

Blanco que cobija nueva madrugada,
color que ha bajado desde nube quieta
y se escapa, huye, regresa mañana…
Así es como el hombre abre y cierra grietas…

Ya lo he visto todo. No todo he vivido.
El mar se ha posado sobre mis mejillas.
Blanqueará la luna mi, hoy, joven camino,
y me iré acercando de a poco a la orilla…








VESTIDA DE BLANCO

¡Quién la hubiera visto, vestida de blanco,
cubierta de nieve, rellena de luz?.
Se hundió su cabello, cayeron sus brazos,
su frágil mirada se hundió en el azul.

Caminó despacio, contó una gaviota.
Se marchó de pronto y buscó el  por qué
de su haber nacido. Incógnita loca,
cada vez que surgen cosas del ayer.

¿Habrá tocado alguien gotas milagrosas,
las que, suavemente, golpearon su cuerpo;
las que, muy de a poco, besaron su boca;
las que, evaporadas, se las llevó el viento?.

Sin pena ni llanto, se fue lentamente,
dejó testamento, legó su camino.
Presiento el silencio, su palabra en mente
recorre neuronas. ¿Existe el destino?.

Cierta audaz sirena se habrá conmovido
descubriendo tantos secretos guardados.
Para tantos hombres habrá sido olvido,
pero mil poetas adoran su llanto.

¿Se habrá reservado su secreto incierto?.
¿Sería el motivo lo que suponían?.
Tal vez sólo quiso lograr ese encuentro
con el mar tranquilo.  Fuga de la vida.

¡Quién la hubiera visto colmando la arena
con sus pies descalzos llenos de cansancio,
la muerte en el alma , con la paz a cuestas,
la vida en el cuerpo. Dolor en el llanto…

Manos elevadas pidiendo socorro,
decisión que nadie descubre al albor.
Mañana distinta. Lloraba aquel novio…
El amor que nunca llegó al corazón.

Partida inconcreta. No escapó del alma
que aún lleva consigo laureles de gloria.
Poesías pasadas, presente y mañana.
Todo tiempo abarca su cuantiosa historia.

¡Quién la hubiera visto, como buzón rojo
divisa la suave curva de la esquina!.
¡Quién nacido hubiera para ver sus ojos!.
¡Quién hubiera visto morir a Alfonsina!.








DESDE AQUÍ

A trescientas páginas de ti evoco tu nombre…
Mis labrios se resecan por no beber tus aguas.
El cielo, diminuto, no huele a tala y monte,
gaviotas que suspiran, llanuras que descansan.

Es tan nuevo el despertar en tus mañanas,
que añoro la frescura del pálido rocío,
el que mojó mis botas de niña ilusionada
por conocer el mundo. El mundo tuyo y mío.

Hoy lucho entre el cemento sabiendo que me esperas
para que pueda verte retinto en armonía
como lo es tu esencia, tus árboles, palmeras,
como también tu gente, mi gente, mi familia.

Las naves de la vida me llevaron de a poco
hasta el lugar inmenso en donde te recuerdo
y, desde aquí, tan lejos, se humedecen mis ojos
al ver ya más cercana la meta de mis sueños.

Mas, cuando vuelva al fin a recorrer tus calles
Y sea cotidiano ver tü sol en poniente
al darte mi futuro, mi General Lavalle,
compartiré mis sueños contigo, hasta la muerte.








VIAJE

Me alejo una vez más. Sin darme cuenta
el tiempo ha transcurrido esta semana,
cándida y sensible al latir de la mañana
que duerme sus auroras y se acuesta
sobre el blanco horizonte y su nevada.

Cubierta de recuerdos voy de nuevo
a descifrar confines y universos.
Me nacen desde el alma largos versos
que me ven al partir sola, en silencio.
(Estuvieron al final y en el comienzo).

Los puntos cardinales que me guían
ubicarán mis huellas, mi camino;
y al recorrer, a poco, mi destino
sabré encontrar en ellos la semilla
cautiva de los años que transito.

Extraño sin consuelo aguas saladas
removedoras todas del recuerdo.
No sé si es por luchar que estoy tan lejos,
por buscar los albores más rosados
o porque así lo quiso mi lantento…

Me alejo una vez más. Extraño el campo,
en sus cielos azules busco verme,
en el volar del ave, desprenderme
y el sol, en su elevar, me sigue guiando
para que, en su brillar, pueda esconderme.

Me alejo sin descanso, cruel detalle
es este presentir de la nostalgia,
que me rellena el pecho y me contagia
la pena de ignorar cuál es el viaje.
No sé si es por consuelo o por confianza,
pero sabré por siempre, donde vaya
que, en donde nace el sol, está Lavalle.

                            Viaje hacia La Plata. Agosto de 1996. 








DONDE SIEMPRE

Remolino de agua
causante de mi asombro
al punto que al mirar hacia la luna
te interrogo
acerca de tu verdadero nombre,
si es Ría, si es Paz, o Fantasía.

Yo estoy con él. Y tú,
inquieta navegante
de mi orilla,
me saludas,
cautelosa y silenciosa como siempre.

Tal vez sea tu sol
el novio que cobija
en su regazo
tus silencios.
Tal vez lo sea
el viento
que te ayuda
a trasladarte.
Tal vez sea mi pueblo…

Tal vez sea
la luna
tu consuelo.

Yo ya me voy.
Tú volverás a estar
aquí por la mañana.
Padre volver a verte
al caer el sol.
La noche será cuna
de tus sueños.
Estarás para siempre…
Donde siempre…


                            Ría de Ajó, 19 de diciembre de 1996.


Marcela Passo (1976)
Nació en General Lavalle, reside en General Lavalle 

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