AL PESCADOR
Una estela te dibujan las sirenas.
Es tu guía, tu destino y tu soñar…
En el mar vas derramando duras penas
que se hunden y no vuelven nunca más.
Tu silencio está escondido entre las olas;
en la brisa de cristal, tu corazón.
Las estrellas encantadas brillan solas,
al igual que el alma de tu embarcación.
Cada día te regala la esperanza
de volver con gloria eterna entre tus manos.
Con las ansias de luchar ya no te cansas,
tus deseos de seguir son los más sanos.
Pescador, está en tu vida la semilla
que dará el fruto tan fresco como el día,
que estará esperando lunas tan sencillas
como el canto del amor y la alegría.
En el eco de la bruma grita el viento
mientras sueñas con promesas de diamante…
te protegen lunas llenas, y el aliento
que se escapa de la noche tan fragante,
quiere ser junto a tu voz un sentimiento,
quiere estar en tu mirar de navegante.
YO, POETA
Llevo entre mis versos la suave melodía
de luz y tinieblas que cruzan calladas…
Sobre mis mejillas, descansan los días
y bajo mis alas, se cubren las llamas.
Se estremece el tiempo, brota la semilla,
se eleva a la cumbre el ave nocturna.
Podría matarme una turbia sonrisa,
silenciosamente, si el sol no me alumbra.
Un día; son tantos los días que pasan!,
de frente al abismo, conocí el dolor.
No habría creído, ni en la tierna infancia,
que el sol derribara lágrimas de amor.
Se aferra a la greda hierba conmovida.
Un halo distante dibuja en su faz.
Panadero libre vuela en son de vida…
¡Se lleva mi tiempo!. - ¡Vuelve!. (Ya no
está).
La roca murmura, y un sueño constante
sumerge su estrella, nace al suspirar…
Pero todo aquello que en el aire nace,
sobre papel blanco se puede grabar.
Sin papel soy fiera carente de garras,
canto sin palabras, rosa sin rocío.
Enséñame, cielo, (tú nada lo callas)
a grabar mis versos sobre los caminos.
Blanco que cobija nueva madrugada,
color que ha bajado desde nube quieta
y se escapa, huye, regresa mañana…
Así es como el hombre abre y cierra grietas…
Ya lo he visto todo. No todo he vivido.
El mar se ha posado sobre mis mejillas.
Blanqueará la luna mi, hoy, joven camino,
y me iré acercando de a poco a la orilla…
VESTIDA DE BLANCO
¡Quién la hubiera visto, vestida de blanco,
cubierta de nieve, rellena de luz?.
Se hundió su cabello, cayeron sus brazos,
su frágil mirada se hundió en el azul.
Caminó despacio, contó una gaviota.
Se marchó de pronto y buscó el por qué
de su haber nacido. Incógnita loca,
cada vez que surgen cosas del ayer.
¿Habrá tocado alguien gotas milagrosas,
las que, suavemente, golpearon su cuerpo;
las que, muy de a poco, besaron su boca;
las que, evaporadas, se las llevó el viento?.
Sin pena ni llanto, se fue lentamente,
dejó testamento, legó su camino.
Presiento el silencio, su palabra en mente
recorre neuronas. ¿Existe el destino?.
Cierta audaz sirena se habrá conmovido
descubriendo tantos secretos guardados.
Para tantos hombres habrá sido olvido,
pero mil poetas adoran su llanto.
¿Se habrá reservado su secreto incierto?.
¿Sería el motivo lo que suponían?.
Tal vez sólo quiso lograr ese encuentro
con el mar tranquilo. Fuga de la vida.
¡Quién la hubiera visto colmando la arena
con sus pies descalzos llenos de cansancio,
la muerte en el alma , con la paz a cuestas,
la vida en el cuerpo. Dolor en el llanto…
Manos elevadas pidiendo socorro,
decisión que nadie descubre al albor.
Mañana distinta. Lloraba aquel novio…
El amor que nunca llegó al corazón.
Partida inconcreta. No escapó del alma
que aún lleva consigo laureles de gloria.
Poesías pasadas, presente y mañana.
Todo tiempo abarca su cuantiosa historia.
¡Quién la hubiera visto, como buzón rojo
divisa la suave curva de la esquina!.
¡Quién nacido hubiera para ver sus ojos!.
¡Quién hubiera visto morir a Alfonsina!.
DESDE
AQUÍ
A trescientas
páginas de ti evoco tu nombre…
Mis
labrios se resecan por no beber tus aguas.
El
cielo, diminuto, no huele a tala y monte,
gaviotas
que suspiran, llanuras que descansan.
Es
tan nuevo el despertar en tus mañanas,
que
añoro la frescura del pálido rocío,
el
que mojó mis botas de niña ilusionada
por
conocer el mundo. El mundo tuyo y mío.
Hoy
lucho entre el cemento sabiendo que me esperas
para
que pueda verte retinto en armonía
como
lo es tu esencia, tus árboles, palmeras,
como
también tu gente, mi gente, mi familia.
Las
naves de la vida me llevaron de a poco
hasta
el lugar inmenso en donde te recuerdo
y,
desde aquí, tan lejos, se humedecen mis ojos
al
ver ya más cercana la meta de mis sueños.
Mas,
cuando vuelva al fin a recorrer tus calles
Y
sea cotidiano ver tü sol en poniente
al
darte mi futuro, mi General Lavalle,
compartiré
mis sueños contigo, hasta la muerte.
VIAJE
Me
alejo una vez más. Sin darme cuenta
el
tiempo ha transcurrido esta semana,
cándida
y sensible al latir de la mañana
que
duerme sus auroras y se acuesta
sobre
el blanco horizonte y su nevada.
Cubierta
de recuerdos voy de nuevo
a
descifrar confines y universos.
Me
nacen desde el alma largos versos
que
me ven al partir sola, en silencio.
(Estuvieron
al final y en el comienzo).
Los
puntos cardinales que me guían
ubicarán
mis huellas, mi camino;
y al
recorrer, a poco, mi destino
sabré
encontrar en ellos la semilla
cautiva
de los años que transito.
Extraño
sin consuelo aguas saladas
removedoras
todas del recuerdo.
No
sé si es por luchar que estoy tan lejos,
por
buscar los albores más rosados
o
porque así lo quiso mi lantento…
Me
alejo una vez más. Extraño el campo,
en
sus cielos azules busco verme,
en
el volar del ave, desprenderme
y el
sol, en su elevar, me sigue guiando
para
que, en su brillar, pueda esconderme.
Me
alejo sin descanso, cruel detalle
es
este presentir de la nostalgia,
que
me rellena el pecho y me contagia
la
pena de ignorar cuál es el viaje.
No
sé si es por consuelo o por confianza,
pero
sabré por siempre, donde vaya
que,
en donde nace el sol, está Lavalle.
Viaje hacia La Plata. Agosto de 1996.
DONDE
SIEMPRE
Remolino
de agua
causante
de mi asombro
al
punto que al mirar hacia la luna
te
interrogo
acerca
de tu verdadero nombre,
si
es Ría, si es Paz, o Fantasía.
Yo
estoy con él. Y tú,
inquieta
navegante
de
mi orilla,
me
saludas,
cautelosa
y silenciosa como siempre.
Tal
vez sea tu sol
el
novio que cobija
en
su regazo
tus
silencios.
Tal
vez lo sea
el
viento
que
te ayuda
a
trasladarte.
Tal
vez sea mi pueblo…
Tal
vez sea
la luna
tu
consuelo.
Yo
ya me voy.
Tú
volverás a estar
aquí
por la mañana.
Padre
volver a verte
al
caer el sol.
La
noche será cuna
de
tus sueños.
Estarás
para siempre…
Donde
siempre…
Ría de Ajó, 19 de
diciembre de 1996.
Marcela Passo (1976)
Nació en General Lavalle, reside en General Lavalle
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