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carro del azabache de las bostas
vestido
a pelo de accesorios
cincha,
cabezada de otro cuero
azabache
de las anteojeras
va
y que te arren
la
caja de madera de los postigos
pica
el pibe changarín de la siesta
lomos
de caracol Veneridae
entre
los perros orilleros
como
si desde un fósforo
el
ruido se tratase con las chispas
suena
la arena
al
filo de la ola
y
carga también en la palada
una
línea de sucesión de mí
que
desde el médano
baja
hasta los piletones de su pozo
-
por chapería coronada
la
caja de costillas sigue firme
algo
sostiene al cuerpo
el
tendón no seca en cinco meses
y
los restos están dados
ni
corralón de novedades
por
estos lados auspicia la derrota
un
cartel verde vialidad
fin
de
zona urbanizada
paisaje
poca cuadra
limita
los campitos
columnas
raspadas con un nombre
enamorado
de otro nombre
no
bajan las hojas
son
del verde de los bebederos
son
de estrellas las manos
de
cal en cada tronco
acá
se boga, se pierde derrotero
la
noche de luna nueva el farero
no
está o se ha dormido
¿qué
hacer con el primer banco de arena?
¿y
el segundo? ¿y las dunas? En la
bodega
de la barriga
rebotan
los barriles
¿ve
usted la boca encrestada
entrando
a puerto sin hallar
cuerpo
en los barriales?
¡ey
sombra de ave!
me
gustaría dejarte un ojo
y
mirar el panorama
que
te arde alas adentro
-
taxidermia de arena y mosca
cuello
de lado, apenas parecía lobo
por
la jiba de una paleta
clavada
en tiburón
desde
lejos decían cualquier cosa
un
bote desinflado, una bolsa, un saco
de
vestir de los naufragios
las
aves de mar tan rapaces
de
tironear sin asco el ojo primero
investigaron
el tajo
de
una hélice en la nuca
y
atrás caímos los chicos
doctorados
en
cuestión de olor y cueros
para
hurgar
las
partes blandas con un palo
ya
que digo luz en camiseta
al
sol, de cuerpo entero. Semidesnudo
ser,
tibia punta de flor que trepa
los
ojos avispados
por
si en el panorama saltara
más
que en barro, en puntas
de
polillas, polen
polen
que en nube se disperse
no
quiero empequeñecerme de vos
pero
está manso el pasto
domado
en
sus remolinos de pelo de niño
los
ojos bajo tierra
los
ojos negros en la napa
de
alguna lágrima negra
en
la nariz escarba su laberinto
la
mulita y cueva y hecha cría
en
el ronquido
la
boca seca
la
boca, un yacimiento mineral
la
lengua del niño es baquelita
pero
ahora sólo vemos
la
mata rubia del pasto de este invierno
y
huesos por allá, y también pasa
un
hombre con tropilla. Retumba
la
huella al trote
nada
despierta al niño de la siesta
al
niño que duerme
entre
el fuego de los talas
al
que duerme
bajo
la piel de cal del rancherío
Joaquín
Valenzuela Bellocq (1971)
Nació en Dolores, reside en San
Clemente del Tuyú
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