EPOPEYA
Yo soñé una noche con una
epopeya.
Cuando la mañana aún no
insinúa
Su color de vida, mi
mente apuraba
Concretar el sueño que me
desvelara.
Miré nuevamente a mí
alrededor
Y no había nada…
Pero tuve un sueño y era
una epopeya…
Los médanos de oro ya no
me ocultaron
Su regio tesoro. Allí
estaba el mar
En continuo jaque…era un
desafío
Y me atreví a jugarle.
Por esa epopeya que soñé
una noche
Trabajé muy duro.
Contagié optimismo,
Me reuní con seres cuyo
corazón,
Latía al ritmo del mío. Y
fue apareciendo
Concreta y posible la
ciudad pensada
Yo la sigo amando desde
mi morada
Contemplo sus logros, me
duelen las faltas…
Sin afán y lucha no
recoges nada.
Baste el ejemplo y las
manos limpias
Para disfrutarla.
Yo soñé una noche con una
epopeya
Y logré plasmarla.
EL MAR
Bajé a la playa muy temprano. El sol me promete un
día cálido y quiero disfrutarlo contemplando el mar. Me gusta. Me hipnotiza
mirar su movimiento, que no propone pausa. Mis ojos lo recorren, lo
escudriñan con minuciosidad, y con admiración, aunque no sé qué busco, puedo
estar así, suspendida en esa alegría, sin que me importe el paso del tiempo. ….
Hoy el sol le transmite reflejos dorados y él los irisa transformándolos, en
brillante nácar.
Sentada en la playa, lo observo, me maravilla su
majestuosidad. Siempre está distinto, siempre está cambiante. Cuando el viento
del norte le arrima nostalgias de río, se amarrona y su espuma pierde la
blancura que tanto me gusta. En cambio, el viento que viene del sur, lo cubre
de turquesas y los caracoles que se duermen en la playa, traen cansancio de
lejanía y formas que no son las conocidas por habituales.
Su fuerza es la misma, si se muestra como un
inmenso manchón de aceite, uniforme, parejo, como sumergido en un profundo
sueño de gigante o si se debate como un ogro furioso, gastando su fuerza en sí
mismo, mostrando sus olas derrochando energía y poder.
Hay días que luce sus clásicas puntillas blancas,
que desbordan de las olas cayendo en pequeñas cascadas, o los dorados festones
de espuma, coronando las olas subrayan con nitidez espacios que
descienden y se elevan como latidos de un poderoso corazón, y me descubro
respirar con ese ritmo.
Hoy, una corriente lo cruza muy cerca de la playa…
las olas chocan, provocan remolinos, la arena se agita y hace visibles las
delicias que guarda.
Bandadas de gaviotas alborotadas, se posan sobre el
agua, con bullicioso agitar de alas, eligen su comida, se la disputan en un
juego fingido y embustero, y vuelan bajo, para custodiar el tesoro encontrado.
Yo, sonrío, porque podría enumerar un sin fin de
sensaciones que esta contemplación me provoca. Pero al sol lo ha cubierto
una nube negra y espesa, ha refrescado, y decido que ya es hora de regresar a
casa. Me despido de este amigo agradecida, porque me voy, colmada de
belleza.
Gladys Mabel Suárez de Cleve (1937)

Orgullosa siempre de mi abuela y sus escritos.
ResponderBorrarQue placer leerte, es una caricia al alma....te quiero Gla.
ResponderBorrar