Gladys Mabel Suárez de Cleve


EPOPEYA

Yo soñé una noche con una epopeya.
Cuando la mañana aún no insinúa
Su color de vida, mi mente apuraba
Concretar el sueño que me desvelara.
Miré nuevamente a mí alrededor
Y no había nada…
Pero tuve un sueño y era una epopeya…
Los médanos de oro ya no me ocultaron
Su regio tesoro. Allí estaba el mar
En continuo jaque…era un desafío
Y me atreví a jugarle.
Por esa epopeya que soñé una noche
Trabajé muy duro. Contagié optimismo,
Me reuní con seres cuyo corazón,
Latía al ritmo del mío. Y fue apareciendo
Concreta y posible la ciudad pensada
Yo la sigo amando desde mi morada
Contemplo sus logros, me duelen las faltas…
Sin afán y lucha no recoges nada.
Baste el ejemplo y las manos limpias
Para disfrutarla.
Yo soñé una noche con una epopeya
Y logré plasmarla.









EL MAR

Bajé a la playa muy temprano. El sol me promete un día cálido y quiero disfrutarlo contemplando el mar. Me gusta. Me hipnotiza mirar su movimiento, que no propone pausa.  Mis ojos lo recorren, lo escudriñan con minuciosidad, y con admiración, aunque no sé qué busco, puedo estar así, suspendida en esa alegría, sin que me importe el paso del tiempo. …. Hoy el sol le transmite reflejos dorados y él los irisa transformándolos, en brillante nácar.
Sentada en la playa, lo observo, me maravilla su majestuosidad. Siempre está distinto, siempre está cambiante. Cuando el viento del norte le arrima  nostalgias de río, se amarrona y su espuma pierde la blancura que tanto me gusta. En cambio, el viento que viene del sur, lo cubre de turquesas y los caracoles que se duermen en la playa, traen cansancio de lejanía y formas que no son las conocidas por habituales.
Su fuerza es la misma, si se muestra como un inmenso manchón de aceite, uniforme, parejo, como sumergido en un profundo sueño de gigante o si se debate como un ogro furioso, gastando su fuerza en sí mismo, mostrando sus olas derrochando energía y poder.
Hay días que luce sus clásicas puntillas blancas, que desbordan de las olas cayendo en pequeñas cascadas, o los dorados festones de espuma, coronando las olas subrayan con nitidez  espacios que descienden y se elevan como latidos de un poderoso corazón, y me descubro respirar con ese ritmo.
Hoy, una corriente lo cruza muy cerca de la playa… las olas chocan, provocan remolinos, la arena se agita y hace visibles las delicias que guarda.
Bandadas de gaviotas alborotadas, se posan sobre el agua, con bullicioso agitar de alas, eligen su comida, se la disputan en un juego fingido y embustero, y vuelan bajo, para custodiar el tesoro encontrado.
Yo, sonrío, porque podría enumerar un sin fin de sensaciones que esta contemplación me provoca.  Pero al sol lo ha cubierto una nube negra y espesa, ha refrescado, y decido que ya es hora de regresar a casa.  Me despido de este amigo agradecida, porque me voy, colmada de belleza.


Gladys Mabel Suárez de Cleve (1937)
Nació en La Plata, reside en Santa Teresita





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