DESCONOCIDA
Llovizna en soledad
lenta, punzante
bosque insondable, sombrío
mar y bruma, cañada y río
Flores secas en mis manos
y susurros en mis oídos
y a lo lejos, ojos dulces, abiertos, encendidos
En la hojarasca, mis pies errantes
angustia, caverna oscura casi eterna
guarida de lobos, demonios y amantes
Flores secas en el viento, tumba y olvido
hojarasca bajo mis pies, y en mis manos
un niño recién nacido
Bosque, lluvia, otoñales silbidos
y más allá del río
ojos dulces, abiertos, encendidos.
PICCIANA MIA
Camino en soledad las playas
Que juntos hubiésemos recorrido
Debe de tener sentido de algún modo
Pero no quise que te fueras
Aunque te hayas ido.
Sigo sembrando las semillas
Del alimento del amor vivido
De algún modo debe de tener sentido
Las flores ya secas, los resquemores y rencillas.
Pienso en tu vejez mi frágil avecilla
Y el miedo ancestral tan desmedido
De ningún modo tiene sentido
Ese pánico mortal de tu frente a las arrugas sencillas.
Visceral modo de decir adiós a la vida
Una arruga, un dolor, ya sin sentido
Lo más arcaico demencial y perimido
Sólo se entiende en la dura arremetida
Que la incertidumbre dio al olvido.
Más inolvidable el último adiós, la partida
El gran momento de separarnos compartido
La luz del sol a pleno y la luna arrepentida
Fugaz la estrella que brilló y letal el tiempo ido.
Mirada de hoy y a ojos vista, tersa tu piel adormecida.
Tus viejas huellas sobre la arena acompañan mis huellas
Un espacio inmóvil, compartido, irracional, a fuego esculpido
Un cerco férreo, díscolo, demencial, represor de abrazos
“Dammi il braccio mia piccina, non partire”
Soltame, no es tu hora, un escalofrío
Sin sollozos con el corazón entero
En esta playa eterna, lucero mío,
Seguiré algún día tu luz nocturna
Iré detrás de tus pasos.
CHOQUE DE VOCES
Un silencio que
despierta fantasías en esta mañana de sábado. Como si un telón invisible
hubiese ocultado las voces cotidianas, momento para escuchar las voces
interiores que se tapan voluntariamente, a veces el ruido interior no
satisface, otras asusta, las más se queda disfónico..
¿Hora del
balance, momento de meditar? Atrapado en su propio destino él piensa y piensa,
nada bueno se oye en su interior: gruñidos, gritos, blasfemias, voces que
vienen de un pasado lejano, tanto que casi se hace inaudible. ¡Cómo quisiera
oír otras voces, de mares en clama, de susurro de árboles sometidos a la suave
brisa, de cantos sutiles de aves mañaneras.
Todo es
cuestión de barajar y dar de nuevo, o mejor aún, cambiar el mazo de cartas.
Estas ya están muy marcadas por el paso del tiempo, orejeadas, con las puntas
gastadas y con el defecto de que se pegan unas con otras.
Vale el
intento, vale la compulsa de voces internas y externas. Afuera, los pájaros
comienzan a cantar, se escucha el mar cercano y el silencioso vuelo del colibrí
pasa veloz. Todo parece componerse lentamente, Dios mediante. Y si no, a seguir
luchando, la vida es corta pero la esperanza
es muy larga.
LOBO NEGRO
Como un
solitario lobo negro recorro las partes más nevadas de mi mente y las estepas
heladas de mi corazón buscando mi manada, esa que se fue con la última
tormenta.
Recurro a mi
vista, mi olfato, mis oídos y nada, doy vueltas en círculo, me mareo, me
pierdo, me detengo. Me tiro sobre la nieve, acurrucado espero, la nevada es
intensa me va cubriendo, mi pelo negro se emblanquece.
El frío es
mucho, aún para un lobo negro, recuerdo esa vieja guarida, sé que no está lejos,
haciendo de tripas corazón me levanto, me oriento, sigo mi instinto, recordé el
camino. Allá voy a guarecerme hasta que pase la tormenta. Los lobos negros
también tenemos nuestro lado débil y tantas veces necesitamos de un refugio en
una noche de tormenta y más si la nieve cae espesa y el hielo está tan duro que
se puede caminar sobre él.
No es fácil la
vida de un lobo negro solitario.
PASAR
Pasa el sol, y
también pasa el viento, las gaviotas no pasan sólo van y vienen, el agua del
mar también, cómo si no se decidiera a irse y pasar o quedarse para siempre.
Siempre no existe en las tres dimensiones de nuestro mundo.
Los que pasan
seguro son los seres queridos, y los no queridos, ellos no vuelven cómo las
gaviotas ni cómo el mar, también la arena pasa en la playa, marcando el tiempo
en un gran reloj que no hace falta dar vuelta.
Todos pasaremos
algún día como los elementos, cómo la vida. Me preparo a diario para ese
momento de incertidumbre, ese momento de no estar estando tal vez en los
corazones de unos pocos, y que con el tiempo cuando esos corazones pasan tal
cómo pasará el mío, nadie se acordará ni de ellos ni de mi que somos gente
común, gente de todos los días, gente que solamente pasa.
(Dedicado al Padre Antonio Fontana R.I.P)
Daniel Orsi (1953)
Nació en CABA, reside en San Clemente del Tuyú
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