LA
SORPRESA
Hay
un modo del poema
en
que las cuentas salen.
Hay
también otro modo
pero
ya no se practica.
Hay
poemas
que
necesitan
de
los vecinos
y
su televisión.
Hay
vecinos
de
otro siglo
los
odiamos
por
distraerse
mucho
mejor
y
sin pagar.
Hay
más
espejos
en
uso
que
rotos. Hay más
pescados
de plástico
que
comidos. Saber esto
redundará
en beneficio
de
los que postergan
las
lecturas.
Saber
esto
es
inútil.
Escribirlo
un
poco
menos.
Una pregunta
se
recuesta en la otra
y
lo que se responde
arroja
una sorpresa.
Antes
de irse
aquella
voz
nos
advierte:
tu
sorpresa
nunca
será
la
nuestra.
TU POEMA
No
sé dónde lo escribiste
ni
por qué. No sé cuáles
palabras
usaste. Ni sé
en
qué libro salió, de
qué
habla, pero me
dicen
que es un gran
poema.
Ojalá un día
de
estos pueda leerlo.
Los
que lo leyeron na-
da
dicen, o dicen que
es
el mejor poema es-
crito
por alguien de acá. Yo les creo
y
les pido que me presten el libro
pero
no me lo prestan y refieren
vagamente
sobre algunos pasa-
jes
(meten confusión, como si
estuvieran
inventándolo to-
do:
que escribiste un poema
y
estuvieron leyéndolo una y
otra
vez, una y otra vez, una
y
otra vez, y no recuerdan
una
palabra de lo que escri-
biste
ahí, aunque aseguran
que
es lo mejor que leyeron
en
las últimas décadas, y es
lo
único que por el momento
puedo
transmitirte). Espero
tu
poema como quien espe-
ra,
a deshora, el transporte
público.
Hay tantas chan-
ces
de que llegue rápido
como
de que nunca lle-
gue,
o llegue tarde, ven-
ga
lleno o vacío, hay un
tatuaje
que dice POEMA
en
el brazo del conductor,
tal
vez sepa algo más so-
bre
el destino de lo que
escribiste,
era un poe-
ma,
no? Eso decían.
Que
era un poema
(un
gran poema).
Del
libro PESCADOS, inédito.
Carlos
Ríos (1967)
Nació en Santa Teresita, reside en La Plata
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