Carlos Ríos


LA SORPRESA

Hay un modo del poema
en que las cuentas salen.
Hay también otro modo
pero ya no se practica.
Hay poemas
que necesitan
de los vecinos
y su televisión.
Hay vecinos
de otro siglo
los odiamos
por distraerse
mucho mejor
y sin pagar.
Hay más
espejos
en uso
que rotos. Hay más
pescados de plástico
que comidos. Saber esto
redundará en beneficio
de los que postergan
las lecturas.
Saber esto
es inútil.
Escribirlo
un poco
menos. Una pregunta
se recuesta en la otra
y lo que se responde
arroja una sorpresa.
Antes de irse
aquella voz
nos advierte:
tu sorpresa
nunca será
la nuestra.







  
TU POEMA

No sé dónde lo escribiste
ni por qué. No sé cuáles
palabras usaste. Ni sé
en qué libro salió, de
qué habla, pero me
dicen que es un gran
poema. Ojalá un día
de estos pueda leerlo.
Los que lo leyeron na-
da dicen, o dicen que
es el mejor poema es-
crito por alguien de acá. Yo les creo
y les pido que me presten el libro
pero no me lo prestan y refieren
vagamente sobre algunos pasa-
jes (meten confusión, como si
estuvieran inventándolo to-
do: que escribiste un poema
y estuvieron leyéndolo una y
otra vez, una y otra vez, una
y otra vez, y no recuerdan
una palabra de lo que escri-
biste ahí, aunque aseguran
que es lo mejor que leyeron
en las últimas décadas, y es
lo único que por el momento
puedo transmitirte). Espero
tu poema como quien espe-
ra, a deshora, el transporte
público. Hay tantas chan-
ces de que llegue rápido
como de que nunca lle-
gue, o llegue tarde, ven-
ga lleno o vacío, hay un
tatuaje que dice POEMA
en el brazo del conductor,
tal vez sepa algo más so-
bre el destino de lo que
escribiste, era un poe-
ma, no? Eso decían.
Que era un poema
(un gran poema).


Del libro PESCADOS, inédito.


Carlos Ríos (1967)
Nació en Santa Teresita, reside en La Plata 

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