Laura Angelita Otero


LA MAR
¿Hacerse a la mar?
¿Hacerme agua de mar?
¿Hacerse olor de mar?
¿Hacerme mar en el mar?
¿Hacerse? ¿Hacerme? ¿Hacer?
¿Cómo hacerse, siendo
y queriendo ser,
no siendo lo mismo?
¿Cómo amanecer en el mar,
posada en la espuma
de sus redondeadas olas?
¿Hacerse a la mar? o
¿El mar haciéndome?







ENVUELTA
Sueño que abrazo las olas
de una tarde bañada
en colores pasteles.
Envuelven mi cuerpo
lo bordean, lo estrujan
lo empujan, lo sumergen.
Mi cuerpo danzante,
se abandona, quieto
Las olas lo rompen
de afuera hacia adentro.
Sueño que el fondo del mar
esconde el cielo,
y ahí, en lo profundo
me encuentro.







TIEMPO
La noche se esfuma
inevitablemente
y no me enojo con ella,
tampoco con la primavera
que corre desesperada
sobre la calidez de sus horas.
Los días largos se mueven
al compás de su caprichosa brisa
inquieta pero abrazadora.
El grito de sus voces sin retorno
como balsa contenida por el mar
como mariposa posada en la calma
de un pétalo turgente y perfumado.
Sus cuerpos timbran con el viento
en los días largos.







SOLEDAD DE LOS RECUERDOS
Truncada en el tumulto de personas
de cosas, de palabras.
Atorada de emociones,
de pensamientos
espera en el apuro
de los recuerdos.
Como el remate
de la frenética ola
lenta y abrumadora
parto cuando llego
Que se alivie el aire
cargado de desencuentros
El mar, limite inacabado
calma y furia
alivio y tortura
que golpea y abraza.
El mar danza
empuja, expulsa
eleva y arrastra
todos mis recuerdos.






REGAZO
Infancia añorada,
escurrida en el tiempo
infancia deseada
eterna en el regazo de mi madre
ojos de almendra, mujer de trabajo
corazón de guerrera
que el tiempo nos devuelva
en la testarudez de su capricho
las horas perdidas
que la vida me depare
volver a tu regazo.






LA CELEBRACIÓN
Escondías detrás de tu sonrisa,
la picara tristeza de quien sabe de pérdidas.
Celebrar no era una idea que habitaba en vos
sin embargo guardabas el sentir
en la profundidad de tus recuerdos
y acompañabas a otros.
A veces tu sonrisa,
a veces carcajada
escondía tu picara tristeza.







INTERPELACIÓN
¿Qué es, sino una posibilidad, lo imposible?
¿No es acaso la imposibilidad, el impulso que lo hace posible?
¿Será posible encontrarte en el camino?
¿Y qué el camino sea la posibilidad de encontrarte?,
¿Qué en el impulso de buscarte, sea posible abrazarte?
¿Y que en esa imposibilidad, me busques para abrazarme?







INELUDIBLE
Inevitable ver mis manos y encontrar la tuyas
manos que trabajaron y cocinaron
manos que sostuvieron y acompañaron
manos cálidas y amables
manos que amasaron tortas fritas para el mate de la tarde
manos cargadas de enojos y luchas
manos atiborradas de gestos y palabras
manos de madre y de hija
inevitable ver tus manos y encontrar las mías







SUSPIRO
La vida se redujo tan solo
a un suspiro cargado de resistencia
no te ibas y yo no quería que lo hagas.
Resistí a tu lado sumergida en un combate interior
de miles de preguntas que ya no tendrían respuesta
fantasie con que abrirías tus ojos
y con el ímpetu que te caracterizaba nos ordenaras
que nos volviéramos a casa.
Desee que fuera posible irte y volver
o que aparecieras, aunque más no sea
desdibujadamente en mi cotidianidad.

Quería que la película llegara rápido a su fin
tu respiración entre cortada era un dolor lento
punzante, quería darte de mí aire
o dejar de respirar contigo.
Deje que algunas palabras salieran de mí
y a modo de despedida dije en voz alta lo que sentía,
lo que te deseaba
lo que te agradecía
palabras inconscientes, ya no las recuerdo
pero sé que estaban cargadas de dolor e intención.

¿A dónde ibas mamá?
¿Alguien te lo habría dicho?
¿Tendrías miedo a tu partida?
¿Habría alguien alli del otro lado
de lo conocido esperándote?
¿Era tu madre quien te visito aquella noche
representada en el abrazo que me pediste?
¿Supiste que alli estábamos quienes te amábamos?
¿Nos viste? Abrazados llorándote, recordándote.

La vida a veces invita a su banquete a la muerte,
danza con ella, la reviste de esperanza,
le da sentido, la sienta a su lado.
A veces la vida te invita a sentarte al lado de la muerte
y en un instante te revela
que ella también es vida.


Laura Angelia Otero (1973)
Nació en CABA, reside en Santa Teresita 






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