Noemí Julia Quiroga


MAR
El mar, siempre el mar,
mar de adolescencia lejana,
brillante caracola
de presencias ignoradas,
de ausencias lloradas,
de esperanzado amanecer.
El mar, otra vez el mar,
soberbio de misterio
devolviendo preguntas
 escondidas en  respuestas,
desafío incansable
a la  precariedad de las certezas.
Edredón de lunas dormidas,
desafiante ladrón de nuestras huellas
Vaivén del tiempo que apaga prisas,
con la  complicidad de olas mansas
regalando colores en movimiento.
Hoy…es extraño el verde de tus aguas.
Hoy…alguien faltó a la cita. 








DE MI PUEBLO

Me duele
tu nostalgia de mar perdido
queriendo abrazar en la noche
un faro inalcanzable en la distancia,
parpadeante haz  de luz que atraviesa
la  oscuridad interminable de la pampa.
Me atrapa
tu historia de siglos
hundida en el barro de tu ría,
amasada en los ladrillos de tus casa,
caminada en senderos escondidos,
guardada en los rincones de tu alma.
Me gusta
perderme en tus atardeceres
cuando el cielo cambia sus colores
y el pastizal es generosa manta
donde aparecen las sombras de los montes
dando paso al reposo y a la calma.
Quisiera
al cerrar por última vez mis ojos
guardarme el verde de tus campos,
oír  el  rumor tranquilo de tus aguas,
y en el aletear esperanzado de las gaviotas
dejar, por fin, volar en paz mi alma.
                         







ATARDECER EN LA RÍA

La tarde se lleva
sobre las espaldas de las lomas
un  sol que se resiste
y en sus intentos de quedarse
se  aferra  a  las  aguas
buscando su antigua herida
hasta desangrarse.
Los barcos pesqueros
sueltan  amarras y parten
mientras dibujan
crestas frías sobre el agua gris,
con las proas esperanzadas
apuntando
al destino inquietante de la bahía,
mágico  lugar  de  encuentro
en  donde  el mar se hace ría.
Mientras tanto
el cielo  se cambia vestidos
para coquetear con los montes
y la silueta del viejo barco
se vuelve más oscura y silenciosa
esperando
la llegada de la noche
para pedirle que le regale
un reflejo de luna.
                      







LA PLAYA Y LA MAREA

No promete volver la marea
pero la playa en silencio espera su regreso,
presiente su extendida caricia
y  aguarda el beso que le quita el sueño.
Abre el día sus párpados cansados,
descorre el sol el tul de la neblina
y la arena se entrega a la marea
que poco a poco le traza mil heridas.
El agua se atreve a ir más allá,
la playa cede permitiendo su osadía,
es  el  lecho que ha de ser cubierto,
siempre es así y lo será día tras día.
Por unas horas el vaivén del agua
le va contagiando su energía,
juega con la arena , la lleva, la devuelve.
Esperanza y dolor , pena , alegría.
El agua vuelve a su destino de distancia
le ha robado a la playa algo de vida
y ella mira , resignada en su destino,
los despojos que el mar dejó en la orilla.


Noemí Julia Quiroga (1948)
Nació y reside en General Lavalle 

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