Mabel Lobato Duque


ALMOHADA CÓMPLICE

Siempre me ha resultado difícil
que la almohada se adapte a mis sueños,
no pudiendo entonces resolver que el descanso se adapte a mi fatiga. Y el sueño se transforma en una gran antología confusa
donde los rostros de los personajes se confunden entre páramos desconocidos y el cotidiano zaguán de los malvones rojos, escribiendo en mi cuarto un cuento de final incierto.
Qué extraño, hoy soñé una luna enorme y roja sobre el mar y sin embargo, desperté llorando. Caminé hasta la cocina y me esperaba el sol... y las noticias …








MAÑANAS DE JÓVENES

Cuando de repente en el esplendor de la vida llega una palabra jamás antes pronunciada,
una densa marea nos recoge en sus brazos
y comienza el largo viaje entre magia y realidad.
Ayer muchas palabras se dijeron los jóvenes,
en un antiguo rito de iniciación.
Ante el desvelo de los vigiladores y el ruido de sirenas.
Amor una palabra que inició la danza...
Aquí el mar dormita después de tanta algarabía....
Y las palabras las llevò la primera marea….
             







MAR

Tus murmullos monocordes y constantes…
Son todo lo que escucho por las noches… entonces reconozco que vivimos en un maridaje sereno y relajado…
Con historias de marinos y de peces que hacen magia en tus orillas…
Acompañando algún amor de temporada,          
que amorosamente sólo durará unos días…








CIELO DESPEJADO

Alza el vuelo
¡oh¡ ¡

barrilete 
Hacia el horizonte marino y azul
mírame
desde la distancia
mientras
me abandono
de materia,
me niego a perderte
y me rio
de mi misma…
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POCA GENTE EN LA PLAYA

Sola en ese banco pienso: no nos podemos meter en la piel de nadie,
por mucho que nos parezca haberlo logrado mediante un espejismo momentáneo de fusión. Cada ser es radicalmente distinto a otro cualquiera,
aunque a veces estallemos al mismo tiempo,
como las olas que se persiguen y coinciden un instante en su cumbre de espuma.
Sí exactamente igual que las olas.








MAR PRESENTE

Con tu presencia, tu color plateado te veía llegar y la tarde se abría como un ala, tu abrazo me envolvía como un nudo y el amor era simple como un beso , yo te hablaba y te hablaba y te decía , no sé qué cosas, no recuerdo ahora, después siempre hay un después de soles que se apagan en los andenes de estaciones viejas y ya al final la soledad mordiendo el gran silencio.
Y este MAR que te reemplaza.


Mabel Duque Lobato (1950)
Nació en CABA, reside en San Bernardo del Tuyú 




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