DESTIEMPO
No sabía si estaba nerviosa, ansiosa o solo era el atardecer que
erisaba su piel, ya era el cuarto cigarrillo que encendía, los mates ya estaban
fríos y el mar le cantaba una melodía distinta a la de la última vez.
Su pelo era largo o al menos así lo recuerdo, sus labios tibios,
suaves, sensuales…
Dónde estará? Se acordará de mi? Es feliz?
Mis manos ya arrugadas recuerdan el calor de las suyas y mi mente
algo confusa me repite su nombre.
Y aquí estoy en esta playa donde la vi por última vez cada tanto
vuelvo a recordar su ser que un verano me hizo arder.
Una noche serena, llena de estrellas, la oscuridad acelera las
pulsaciones que corren con la arena, la pasión que empieza besando sus cuellos,
proponiendo la escena que rápidamente de ropa se aleja y concreta entre olas el
encuentro de los cuerpos, que acabarán acostados mirando el cielo.
EN MIS OJOS TUS OJOS
Tendrían que haberla visto, era el centro de un cuadro perfecto,
entre su soledad, la inmensidad del mar y su sonrisa que se esfumaba con la
brisa de la madrugada. Con su caminar iluminaba la oscura calle que la
acompañaba y la humildad de su corazón se reflejaba en el agua. Tan solo fue un
instante y me bastó para entender, que un alma en libertad, ante toda
tempestad, puede besar la felicidad.
Julián Podestá (1992)
Nació en CABA y reside en Las Toninas
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