NO
TE CONFUNDAS
No te confundas...
que habiendo sol y estando el
cielo despejado,
puede haber terrible sudestada.
No te confundas,
porque hasta la persona más
callada,
en su silencio puede estar
diciendo mucho.
No te confundas,
que el llanto no es solo
atributo de la tristeza
y hasta el orden es parte del
caos.
No te confundas,
que hasta los senderos nocturnos
son iluminados por el diálogo,
como los recuerdos hacen
presentes las inasibles ausencias.
Y un final puede ser comienzo...
aunque pasen las fronteras de
los años…
y del tiempo.
GOTAS
KAMIKAZES
Llegaré más cuando los aromas de
los tilos,
quizás no sean más que un
recuerdo en mi nariz
y la tenue luz otoñal serán
acrílicos licuándose
bajo la mirada de ventanales con
insomnio.
Los aromas volverán en lágrimas
de estación,
como queriendo retener en la memoria un tren
que no volverá a pasar,
y solo hará crecer el yuyo
en la vía muerta de la vieja
estación.
Tristeza de lluvia que cae
sobre una calle de alquitrán...
¿Acaso no son kamikazes las
gotas
al estrellarse contra el asfalto
estéril?
PROFUNDA
INMENSIDAD
Nocturnidad de mar que conversa,
lluvia que se anida dentro de los ojos,
destinos que se desandan
como en puntas de pies.
Entonces serán como los paisajes
de las esquinas donde se citan
las almas,
punto nodal en esa dimensión
donde se concretan
los perdidos reencuentros.
Nostalgia tibia de suave sonrisa
en puntitas de pie,
como llovizna contemplada desde
la ventana del bar
cuando tímidamente se va
humedeciendo la calle.
Como rayos de sol que paulatinamente
se filtraban desde sus pestañas,
incubando en sus pupilas,
la creación de criaturas que
fluyen
hacia la profunda inmensidad…
y espera desterrada.
ENSOÑACIÓN
Que el olvido no erosione la
memoria,
que el llanto no sea solo
monopolio de la tristeza.
Que el silencio no sea omisión,
porque entre diálogos
silenciosos
confluyen las conversaciones
que deambulan en la memoria.
Que los sueños sean reencuentros
con lo inasible.
Que el viento lleve en sus
huellas el nácar de la lluvia,
y que tus parpados se renueven
con la lluvia de tus ojos.
Pablo Alonso (1977)

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